lunes, 5 de agosto de 2013

AL PAN PAN Y AL VINO VINO... LOSER




[Solo para quienes leyeron el post anterior de “Mi yo bipolar”]

Supongo que la mayoría de personas está esperando el desenlace de esta blog-novela, alguno por ahí esperará  (como la mayoría de personas que viven los cuentos de hadas) que termine con un final feliz, donde formalice una relación con J (la chica BCP) y que vivamos felices el resto de nuestra vidas, indigestándonos comiendo platos y platos de perdices.

Lamentablemente las cosas no suceden como en los cuentos infantiles, ni como las tele lloronas mexicanas, donde la pobre y sufridita empleada se casa con el encorbatado ricachón, que muere de pasión por ella.   Esto señores, es la vida real y no siempre termina con un final feliz.

Lo digo de esta manera porque creo que J se ha hecho merecedora de este post y no solo ella, sino también todas las mujeres del Perú que alguna vez salieron con un pata.

La otra noche quede en salir con J, habíamos quedado en encontrarnos en un restaurant miraflorino para poder entablar una conversación más amena que la de la semana pasada.

Como buen chico entusiasta que soy, estuve puntual en la puerta del restaurant a la hora indicada, normalmente no soy tan puntual que digamos, pero tratándose de alguien con quien compartí una velada espectacular la semana pasada, pues no me cabe duda que debía seguir a rajatabla lo que mi sentido común me dictaba.

Mientras divagaba como un tarado afuera del local, sentí una pequeña vibración en el bolsillo derecho del pantalón. Era mi celular de última generación (Motorola V3) que me avisaba que tenía una llamada entrante de la esperada J.
 

- ¿Aló? ¿Alan?

- Sí, hola J, dime, ¿Por dónde estás?

- Estoy por Monterrico, ya estoy llegando en 20 minutos, sorry es que hay un tráfico de mierda

- No te preocupes, yo también ya estoy llegando. Obviamente, no le dije que la estaba esperando desde hace 10 minutos como un pelele.

- Ya chévere, entonces ahí te caigo, estoy en el carro de mi enamorado.

- ¡¡¡¡¡¡¡¿¿¿Enamorado???!!!!!!!!!! - Cuando escuché la palabra E-N-A-M-O-R-A-D-O,  los pliegues de mi cara se torcieron por la sorpresa que J acababa de generar.

- Sí, mi enamorado. ¡Ay amigo!, lo que pasa es que no te he contado que en esta semana nos dimos una oportunidad y bueno, le conté que había quedado en cenar contigo y me dijo que él también quería ir y conocerte, que lee tu blog y que le pareces un cague de risa ¿Normal no?.

- ¿Ah? este… sí claro, normal, no hay paltas - Respondí totalmente descomputado, imaginando por un momento la escena que íbamos a interpretar: J, su enamorado y yo.

- Ok, un beso, ahí te veo.

 

Con el celular aun en la mano, no podía concebir la noticia que J  (la chica por la cual había interpretado los más febriles devaneos sentimentales) me acababa de anunciar. Tenía enamorado y, lo peor de todo, es que estaba en camino a encontrarse conmigo.

La verdad que su comportamiento me dejó menos perplejo que decepcionado. Aún no podía concebir como pudo pasar eso, acaso ¿Fui el único que se hizo ilusiones?, ¿En algún momento me dijo que tenía enamorado y yo, por despistado,  no le presté atención?, o simplemente ¿fui el único mamerto que imaginó todo el feeling de la semana pasada, mientras que ella solo me veía como el “amigo buena gente”? (para empezar odio que la chica que me gusta me diga “amigo” porque muy bien saben lo que pienso de la amistad entre hombres y mujeres).

Manteniendo el celular en la mano, mi cabeza comenzó a ser víctima de unos flashback impresionantes y al mismo estilo que Ashton Kutcher en El efecto Mariposa, comencé a recordar cuadro por cuadro las escenas que compartí con J  la semana pasada en Huaringas bar.

Mientras seguía parado en la puerta del restaurant, imaginé dos posibles opciones de lo que sucedería. La primera era que llegue de la mano de su enamorado y él, al verme parado en la puerta del restaurant esperando a su novia, venga como un búfalo desorientado  a envestirme, por intentar gilearme a su flaca. La segunda era que baje del carro de su enamorado y ella, cual señorita de su casa, me presente al susodicho y ambos entremos a cenar al restaurant, para que posteriormente me consiga un violín y la haga de buen samaritano.

En cualquiera de las dos situaciones yo salía perdiendo así que, la única manera de salir airoso y con algo de dignidad entre las manos, es que nos encontremos en las mismas condiciones. Es decir, que yo también este con una acompañante, pero faltando 20 minutos para que llegara J, ¿De dónde diablos iba a conseguir una chica que aparezca en 20 minutos y sobretodo que sea guapa?

Aún con el celular en la mano, repasé de arriba abajo la agenda de mi teléfono móvil, buscando en algún lugar, el teléfono de una chica que accediera a salir y acompañarme en esta fúnebre procesión sentimental.

Encontré por ahí el teléfono de P, una chica con la cual intercambie un par de besos hace ya unos años. La verdad dude en llamarla ya que, para empezar, es una engreída fatal y también se alucina la última Coca Cola del desierto. Es por esa misma lógica que, de vez en cuando, la invito a salir (y de cuando en vez, ella accede). Es una chica guapa debo admitir, así que era la única opción que me quedaba para poder competir con la espectacular J y su novio.

Después de varias timbradas, P me contesto el celular, y prácticamente me tiré al piso para que accediera a salir y acompañarme en esta cena inesperada de la cual ignoraba el final. Milagrosamente accedió a salir, quizá porque no había cenado, o quizás porque estaba recontra cerca a Miraflores. La verdad me daba igual, lo único que quería, era poder salir de este aprieto del cual había sido sorprendido.

Pasaron los 20 minutos y cuando ya estaba a punto de tirar la toalla, veo que un Hyundai Accent del 2007, se estaciona frente a la puerta del restaurant. De pronto se abre la puerta del copiloto y desciende la flamante y espectacular J, que para mi mala suerte, había llegado con una minifalda de infarto, hacía un jodido frio, pero ella tenía que lucir esa apretada minifalda que dejaba lucir un par de piernas de antología. Sin duda, las mejores yucas del restaurant y alrededores. Por otro lado, del asiento del conductor, bajó el supuesto novio, un sujeto bonachón, más regordete que musculoso y más alto que bajo.

 

- ¡¡¡hola Alancito!!! sorry por la demora, lo que pasa es hay un egg de tráfico y no sabes lo estresada que estoy con las combis y taxistas que se meten como quieren.

- Hola J, ¿Cómo estás?, no te preocupes yo también acabo de llegar.

- Bueno amigo, te presento a mi enamorado, Ricardo.

 
Al estrecharle la mano al supuesto novio de J, sentí que el apretón fue algo más fuerte de lo inusual, normalmente los hombres cuando saludamos, apretamos la mano del individuo con firmeza, como símbolo de  camaradería y gratitud. Pero en este caso, después del apretón de mano que nos dimos sentí mis dedos acalambrados por la presión, dejando una frase media indirecta en el camino: “un gusto también, me han hablado mucho de ti”.

“Espero que cosas buenas” fue lo primero que se me ocurrió decir tras la indirecta disparada por el novio de J.

Como ya lo había pronosticado, nos sentamos en la mesa que había reservado. Era la pareja perfecta más uno. Mientras se cogían de la mano y se mandaban indirectas con las miradas, su servidor, que a esas alturas parecía una rata desesperada, contaba los minutos para que mi supuesta acompañante hiciera su aparición en escena.

Durante 30 minutos, la hice de violinista, tuve que entretener al auditorio haciendo gala de mis mejores anécdotas, claro que también tuve que tragarme las caricias que se daban por momento y los chapes que interpretaban en mis narices. Por breves segundos mi subconsciente intentaba sacar a relucir mi lado diabólico y arrebatado, pero claro que era calmado  y neutralizado por mi lado santurrón y mojigato.

Mientras miraba mi reloj por vigésima quinta vez y mi rodilla vibraba al ritmo de la desesperación, hizo su entrada triunfal, mi supuesta acompañante. Al verla cruzar la puerta de entrada, levante mi mano para que pueda ubicarnos, mi ánimo había regresado. No solo nos encontrábamos en iguales condiciones sino que, esta vez (debo admitirlo) P había venido, igual de simpática que J. Mi cara de violinista amargado, había sufrido un cambio de 360 grados, había recobrado el buen humor y no solo eso, sino que hasta me sentí un tipo son suerte.

Después de la presentación protocolar, me animé a pedir una ronda de pisco sour. La conversación estaba animada, intercambiamos anécdotas, canjeamos un par de risas y por ahí que hasta me anime a hacerle un guiño medio coqueto a P. De no ser un por un bostezo que P no supo disimular, diría que la estábamos pasando de maravilla. Tras la quinta ronda de pisco sour, los animé para ir a bailar. Inesperadamente aceptaron, así que por dentro, en la oscuridad de mi laxada conciencia, auguré una frase del tipo “hoy la hago”.  

Salimos del restaurant y caminamos un par de cuadras rumbo a la calle de las pizzas, me sentí afortunado de ir al lado de una chica tan guapa como P, fue con ese aire de bacanería que entré al local con índole de ganador.

Una vez dentro el lugar estaba lleno, así que nos acomodamos en la barra de la discoteca. Pedí un Caipiriña para mí y un mojito para P. Comenzamos a ser un brindis en mención de la “amistad” y chin chin sonaron los vasos. Bailamos un par de canciones y en eso se le ocurre fumar a P. Normalmente no cargo encendedor y para mi sorpresa, los dos nuevos amigos tampoco tenían uno, así que P se fue en busca de alguien que le preste un encendedor. Por ahí le extendió la mano un fulano, que no contento con prender su cigarro, empezó a conversarle.

Al inicio no me pareció raro, quizás se conocían, pero  estaba claro que esa charlita incipiente, tendría que terminar en cualquier momento. Además estaba clarísimo que P había venido conmigo, así que no me preocupaba.

Pasaron cinco minutos y la situación no cambiaba, para colmo mis dos nuevos amigos estaban que agarraban de lo lindo, por un momento tuve la misma sensación que al inicio estando sentado en el restaurant. Totalmente indignado me dirigí rumbo a donde estaba P y su nuevo amigo, quizás estaba esperando a que llegara a salvarla de ese sujeto, pero cuando vi la sonrisa de P de oreja a oreja, sentí  cólera por su tremendo descaro, estaba de lo mas fresa cargándose de risa con este nuevo personaje y encima de todo, en el colmo de la conchudes: míster X estaba tomándose, muy campante, el trago que yo – Don huevon –le había comprado a P. Es decir, encima que le traigo a la chica, también le financio la juerga.

Subí a la terraza del local, para respirar un poco de aire, estaba haciendo el papelón de mi vida y encima estaba quedando pésimo con “mis dos nuevos amigos”. Mientras analizaba la situación, decidí calmarme y regresar nuevamente a la batalla, pensé que P había terminado la conversación tan animada con el pata y que quizá me estaba buscando.

Lamentablemente mi instinto volvió a fallar, ya que en el preciso instante que baje a buscar a P entre la multitud, me percate de una escena que marco el colmo de lo soportable. La muy descarada estaba colgada del cuello de ese fulano, mientras que se besuqueaban de lo lindo al ritmo de la música. En ese mismo instante –estupefacto, avergonzado y destruido en mi virilidad – apelé al pasito moonwalking de Michael Jackson y me deslicé hasta desaparecer entre la muchedumbre. Sin valor para despedirme de P, de J y de su novio, huí del local con una sensación de estafa. Me costaba reconocerlo, pero había perdido esta vez y había perdido bien. 

Triste como estaba, me tocó llamar al gordo para vomitarle toda mi cólera y frustración. Tome un taxi, llegué a su casa y - entre la canchita de microondas y un par de cervezas bien heladas - comencé a narrarle todo lo sucedido, para posteriormente quedarme jato en el sofá de su sala.

Al día siguiente, me levanté con un sentimiento de culpa, había hecho el papelón de mi vida y todo gracias a ellas. La popular chica BCP y la guapa e impredecible de P, son quienes se han hecho acreedoras de este post, gracias chicas por la anécdota brindada. Para ustedes va dedicado esta memoria con mucho cariño.

 
Edición y Fotografía: Dessiree Ramos Angeles (la Tía hot de los cachimbos de derecho)
Facebook oficial del blog: http://www.facebook.com/#!/pages/Memorias-de-una-Rata/142876369215201?fref=ts
 
 
 

lunes, 8 de julio de 2013

MI YO BIPOLAR




[Solo para quienes leyeron la memoria anterior: “Quince minutos de fama”]

Gracias a la colaboración de muchos lectores al difundir la memoria pasada, fue que por fin conocí a “la chica BCP”. Quedamos en salir el fin de semana y encontrarnos a las 10 de la noche en “Huaringas Bar”. Lo que era yo, estuve plantado desde las nueve ahí, posiblemente para tantear el terreno de batalla o para familiarizarme aun más con ese lugar que tantas veces me ha visto salir agarrándome de las paredes.

Quizás a más de uno le ha sucedió exactamente lo mismo que a mí, estas a punto de encontrarte con una linda chica en un bar y de repente, eres preso de una súbita mezcla entre pánico y pudor. Lo que normalmente se hace es respirar hondo y relajarte para que tus miedos no te traicionen  a la hora de iniciar  el cortejo no oficial, pero no todos tenemos esa soltura que gozan algunos individuos como Neill Strauss (un seductor profesionalmente hablando). Muchos como yo – soy honesto al decirlo - nos volvemos torpes, nos sudan las manos, nos da una suerte de Parkinson y balbuceamos al momento de hablar, a veces – en plan de computarnos cómicos profesionales – soltamos un chiste que termina dando más lástima que gracia.

Sin una dosis fuerte de desahuevina, podríamos poner en riesgo toda la operación de conquista que intentamos interpretar.  Y es que, no todos poseemos el don de galantería y la seducción, nadie es Don Juan de Marco a los 12 años, nadie nace siendo un conquistador, así que, este negocio - como cualquier otro - se aprende en la cancha. No hay más.

Sin embargo, por más perceptivo que uno sea, observando no se consigue nada. El momento cumbre, donde se define la posibilidad de un chance o no, es a la hora de conversar. El lenguaje, el floro, el chamuyo o el palabreo, viene a ser como un rifle de largo alcance. Es decir, si no tienes la pinta de Brad Pitt, ni te mueves como Meet Jagger, entonces la única salida que te queda es la conversación. Es ahí, donde se reconoce a los maestros de maestros, al verdadero tigre del floro, al Alex Hitch en versión peruana. Ya que sin dudarlo, si sueltas en cada cierto momento una que otra frase inteligente, elocuente y divertida, no dudes que tendrás al auditorio justo donde querías. Atentos.

Pero, para no desviarnos de la idea principal, al encontrarme en ese predicamento de pánico y sudoración, no existe mejor (o peor) manera que llamar a tus consejeros personales. No me refiero que exista un asesor telefónico al cual llamas para que te brinde ciertos consejos seductores para facilitar el abordaje (bueno fuera), más bien, de lo que estoy hablando, es que interpelas a los personajes que habitan en todo ser humano. El ángel y el demonio que conviven en lo profundo de tu ser.

Lo que intento explicar, es que todo individuo, tiene sub personalidades o “yoes”. Solemos creer que somos seres congruentes e integrados con una identidad única. Sin embargo, al igual que el cuerpo físico está conformado por órganos y sistemas, la psique está conformada por la multiplicidad. Para explicarlo en buen cristiano, en nuestro interior habita una comunidad multifacética. Nuestros distintos yoes son relativamente independientes y autónomos, cada uno tiene sus propias necesidades, impulsos, deseos y opiniones.

Así que, siguiendo con la ilación de la historia, recuerdo que esa noche, sentado en la barra del Huaringas, esperaba que llegara la susodicha (digámosle “J”), mientras le daba cuentas al último sorbo de caipiriña que había iniciado a tomar minutos antes.

Ya eran las diez con cinco minutos de la noche, estaba más nervioso e impaciente que de costumbre. Mi mente estaba enfocada en el vaso de Caipiriña que estaba por acabarse  y de pronto mi imaginación comenzó a volar y al lado derecho de mi hombro apareció la forma en miniatura de mi persona, vestido con un traje rojo, un trinche en su mano derecha, una cola que terminaba en punta de flecha y un par de cachos que combinaban muy bien con esa mirada lúgubre y maliciosa. Por el otro lado, en el hombro izquierdo, una figura iluminada tomo mi forma, con un traje blanco parecido al de los que se usan en fiestas de Luau, un par de alas angelicales y una  aureola o nimbo que flotaba por encima de su cabeza dándole un aspecto celestial y santurrón. 

-De pronto el diablito que me habita inicio el debate: “¡¡¡Puta, huevón!!! Creo que ya te plantó, yo que tú, mejor me quito de ahí sin hacer paltas y aprovechando que la noche aun es joven, busca una segunda opción en tu agenda telefónica, sino vas a quedar como tarado chupando solo”.

- En ese momento el serafín celestial que muy en el fondo soy, hablo calmándome: “Paciencia Alan, recuerda que las mujeres siempre demoran un poco, quizá hay mucho tráfico y fácil por eso está demorando. Va a llegar, solo ten fe brother”.

- De pronto contra atacó el ser negativo que también soy: “Mira cuñao, las mujeres cuando se demoran tanto es porque todavía están planeando con alguien más, fácil tú eres su segunda o tercera opción y fácil aun está planeando con su primera opción a ver si le atraca y FÁCIL ya le atracó, así que te va a mandar un mensaje disculpándose que no va a llegar porque le salió un imprevisto. FLORO”.

- Mi ángel guardián atento a la jugada, defendió su posición: “No hagas caso de lo que dice él, esta chica solo es un poco impuntual, además si no quisiera verte, no hubiera insistido tanto para encontrarse y tomar algo. ¿Ves? Mira, ya llegó” señalándome en ese momento  la llegada de la espectacular “J”.

Al verla entrar al local, palidecí, el ruidoso y magnífico espectáculo de su belleza me ponía en serios aprietos. Esa noche, “J”  estaba más espectacular y animada que nunca. Con una voz suave y sensual, me preguntó que trago sería oportuno para iniciar la noche, y yo, tras meditarlo por breves segundos, advierto que debería empezar con una margarita.

Sentados uno frente al otro, la charla fluía con asombrosa naturalidad, era evidente, había onda, química, feelback. Toda la gente alrededor giraba como una espiral de rostros difuminados. Las horas transcurrían, y cada minuto más que conversaba con “J”, encontraba que esta chica es - además  de bonita, graciosa y divertida -  una mujer con la que valdría la pena pasar todo un día conversando (y no solamente conversando). Pienso en eso y siento que sería un verdadero tarugo sino intento por lo menos robarle un beso.

Como si el destino estuviera a mi favor, ella comienza a preguntarme cosas más personales: “si tengo novia”, “cuál es mi tipo de mujer”, “si me gustan, altas, chatas, flacas, gordas, llenitas, etc.”  y para rematarlo me pidió que le sugiriera otro coctel para seguir la animosa noche.

Es en ese instante – tal como me había ocurrido antes y me ocurriría después – mi mente se desdobló y de lo más profundo de mí ser, salieron a relucir otra vez los dos importantes personajes que me habitan: mi Yo satírico y punzante, contra mi Yo santurrón y pavo.

- Con trinche en mano atacó mi Yo demonio: “No seas baboso, de una vez pídele al bartender que le traiga un kamikaze bien concentrado, así la chiquilla no podrá discernir el momento en que te lances sobre ella”.

- En eso, contra atacó el Alan versión inocente: “Tú eres un caballero Alan, esta pobre muchacha ya tomó suficiente, pídele un vaso con agua y como buen parroquiano que eres, llévala a su casa”.

- Sin previo aviso, resucitó el ser lujurioso que también soy: “Caballero mis pelotas, tú no la estás forzando a que siga tomando, es ella solita la que quiere seguir con esta chingana, además si quieres llevarla a algún lado, antes que su casa mejor llévala a un telo”.

- De repente, mi ángel de la guarda, siempre acertadísimo, me agarró el sentimiento: “Alan, hermano, no escuches a esa alma descarriada que solo quiere que te aproveches de esta pobre joven, recuerda que no te gustaría que hagan lo mismo con tu hermana ni con tu hija”.

- Sin opción a meditarlo, el diablo que me habita, dispuesto a dar batalla, manifestó lo siguiente: “Que hermana ni que hija, esas son cojudeces, tú no tienes hermanas ni mucho menos hijas, así que los que tienen que se jodan, no es tu problema, además, esa chica, está igual de caliente que tú, tienes una oportunidad con una chica linda. Tómala”.

Sin saber qué hacer, opté por una salida más neutral, llame al mozo y lo conmine a que sugiriera un nuevo coctel para mi delicada y sensual “J”. Grande fue mi sorpresa al saber que aquel galifardo más que ayudarme, dificultó las cosas al anunciar que ya estaban cerrando.

Lamentablemente, había llegado el momento de la despedida, intercambiamos correos, teléfonos y facebook. La que pudo ser una alocada noche de copas, terminó en una conversa muy amena y divertida.

Sentí un poco de pena no poder intentar un acercamiento más directo (chape), pero cavilé la opción de poder acordar una segunda cita.

Pare un taxi, la llevé a su casa, y justo en el momento que el auto se detiene para que ella baje del carro, la radio del taxi que sonaba en “Z rock and pop”, pegó la canción Take a picture de  filter que sumergió el ambiente en un romántico momento Kodak, y al mismo estilo de las películas feeling de HBO, “J” se acercó a mí y me estampo un dulce beso  de cinco segundos en la mejilla (un tiempo inusual, para un inocente beso de despedida), deslizándose suavemente a mi oreja para susurrarme una frase que aun no he podido olvidar: “gracias, la pasé delicioso contigo”.

Está de más decir que luego que cerró la puerta del taxi para entrar a su casa, yo ya me encontraba en un agitado estado de locura sentimental.  Claro que un taxi cochambroso no es un buen lugar para brincar y gritar de alegría, pero igual no podía evitar sacarme la sonrisa de la cara, quizás fue por mi evidente estado de ánimo, que el taxista bigotón de unos 45 años no se contuvo  y prosiguió a decirme: “buena  flaco, creo que ya la hiciste”

He quedado en salir la otra semana con “J”, y la verdad que estoy emocionado, no sé si en realidad este fantaseando como muchas veces, pero si en el peor de los casos no volviera a existir la química, prometo no decepcionarme y contar el desenlace en el siguiente post.


Edición y fotografía: Dessiree Ramos Angeles (La ocupada y ahora Renacentista Dessita, que ya se va por su segunda carrera profesional)


 
[Les dejo este video de la canción Take a picture de Filter que sonó en el preciso momento de la despedida, parecía una escena dirigida  y producida por Oswaldo Cattone. Un temon]

 

miércoles, 26 de junio de 2013

QUINCE MINUTOS DE FAMA




Esto ocurrió esta semana, digamos que fue algo raro y nuevo para mí. Para empezar, era Lunes, supongo que a la mayoría de personas le sucede exactamente lo mismo, vienes de juerguear todo el fin de semana y cuando llega el Domingo te aflige ver como el Sol se va ocultando poco a poco, acabando así el popular día familiar, para darle paso al primer día de la larga semana que te espera.

Los lunes – como cualquier otro lunes del año - empiezas con pereza, resignado a iniciar la semana. Llegas a tu trabajo, oficina,  tu negocio, tu tienda o cualquier otro lugar donde cumples tus obligaciones profesionales, y desde ya tomas conciencia de toda la carga laboral que te espera durante del día, los pendientes de la semana pasada, las indicaciones de tu jefe o jefa, el pedido de apoyo de tus compañeros de trabajo y las nuevas adquisiciones laborales que te toca manejar.

Como dije, los lunes son muy pesados para mí y quizás también para la mayoría. Ese día en particular tenia mil cosas que hacer y una de ella era hacer un trámite rápido en una Notaria.

Estuve tan atareado ese día, que perdí la noción del tiempo, eran ya las 3:30 de la tarde y aun no almorzaba. Me dirigí a una Notaria X para legalizar algunos documentos y el fulanito, asistente del notario, me informaba que el dueño de casa (o sea el Notario) no estaba y que el tramite estaría listo a las 4:40 p.m, a regaña dientes tuve que aceptar su propuesta, no tenía otra opción.

Aquel breve lapso de tiempo, me dio oportunidad de comer algo rápido.  No disponía de mucho tiempo, así que como me encontraba cerca a Risso, decidí bajar a uno de esos lugares de comida rápida que han invadido todo el lugar.

Me paré frente al cartel de Hamburguesas y observaba con detenimiento las muchas clases y variedades que disponían, mientras repasaba de arriba abajo los ingredientes de tan grasientos manjares, mis glándulas salivales se activaron, empezaron a estimularse y borbotear. Mi estomago crujía como el sonido de un motor de Volkswagen  tipo escarabajo, eso era señal de que me cagaba de hambre.

Si por mí fuera regresaría a la oficina, sacaría mi taper con saltado de espárragos y lo calentaría en el microondas para luego comer un almuerzo decente, pero no era posible, me encontraba a años luz de distancia, así que, con total desproporción, me pedí una Especial doble. Es decir, una hamburguesa que  contenía: dos filetes de carne, dos huevos fritos, dos lonjas de queso y jamón, y dos chorizos cocinados a la parrilla, claro está, que todo tenía que ir bañado con abundante mayonesa.

Cuando me acerque a recibir mi orden, la chica que me atendió, me sonrió diplomáticamente entregándome la bandeja de comida, de reojo pude captar que me miraba con una expresión de asco, como quien decir: “¿todo eso te vas a comer? ¡Cerdo goloso!”. Y es que, seamos honestos, mi bandeja era un show grasiento descomunal, estaba claro que después de arrasar con tal mezcla de carbohidratos y colesterol, mi panza se vería incrementada en no pocos centímetros. Con total desproporción arrase con semejante monstruo chatarrero, mi voracidad pudo más que mi sentido común.

Aun faltaba media hora para regresar a la Notaria, decidí ir al BCP para realizar algunos pagos pendientes. Abrí la puerta del local y me senté a esperar mi turno con el papelito electrónico en la mano.

Mientras observaba con desgano los videos de cámara escondida que proyectaban en los monitores del banco, pude percatar que una de las chicas de la ventanilla me miraba de reojo, desde mi asiento no se podía divisar bien el rostro de la fulana, pero era muy evidente el modo en que pegaba su mirada en mi con gran empeño y sobre todo con roche, lo digo así, porque era muy extraño ver a aquella chica levantar unos centímetros su cabeza, los suficientes como para que sus ojos alcancen a mira por encima de la barra que separaba su asiento de los del público.

Llego el momento de mi turno y por azares del destino para su mala (o mi buena) suerte, justo me toco ir a la ventanilla de esta chica misteriosa.

Al acercarme a la ventanilla, note que me atendía una chica excesivamente linda, una Miss Universo, una maja de mujer que me sonreía al otro lado del mostrador y me deslucía, me empequeñecía, para decirlo en buen cristiano, me atarantaba, haciéndome olvidar por un momento para qué diablos fui: si a pagar cuentas, cobrar un cheque, hacer un deposito o a que. 

- Hola ¿en qué puedo ayudarte?, me dijo, pegándome una sonrisa deslúmbrate y hechicera

- Buenas tardes, ah…. si…. claro….. este…… si….. yo,,,, yo,,,, este… si, vine para hacer un deposito. No, no, no sorry, vine a pagar esta cuenta.

La chica de la ventanilla atino a emitir una pequeña carcajada y dispararme desde su asiento una mirada dulce, cómplice y sobre todo matadora.

- ¿Puedo ayudarte en algo más? me pregunto, riéndose malévolamente y ladeando la cabeza como toda una modelo

Como me encontraba en estado de shock, solo atine a responder como un autómata.

- No, gracias, eso es todo. Has sido muy amable

Justo en el momento que la guapísima chica de la ventanilla me entregaba mi Boucher, me hace una pregunta que me descuadra totalmente de mis casillas.

- Amigo disculpa, pero ¿tú no eres el que escribe en “Memorias de una Rata”?

- ¿Ah? este ¡¡¡¡SI, soy yo!!!! le contesto totalmente descomputado, refregándome la oreja, pensando que había escuchado mal.

- Mira que coincidencia, con razón tu cara se me hacia conocida, ya decía yo, en algún lado he visto a este chico.  Lo que pasa es que yo leo tu blog y me mato de la risa de las cosas que escribes ¿Te llamas Alex Cristian no?

- Wuau ¿De verdad lees mi blog? este, sí, soy yo, perdón, este, no, Soy Alan Cris.

- Hay Sorry, lo que pasa es que tengo una amiga que trabaja en el BCP de Ica y ella me paso el link de tu blog y es por eso que te leo.

- Valla que chico es el mundo, y dime algo ¿con quién tengo el gusto? Justo en ese momento que ella se disponía a decirme su nombre, la gente del público, al ver nuestra charla tan amena y entretenida, comienza hacer bulla, a quejarse y lanzar comentarios al aire del tipo: “mejor pídete una cerveza para que puedas conversar tranquilo”, “o mejor llévatela a un café y ahí nadie te molestara”, “estamos apurados señorita, puede hablar con su amigo otro día”.

La linda chica del BCP, al verse presionada por los clientes del Banco, solo atino a despedirse de manera rápida: “Bueno fue un gusto, cuídate, sigue escribiendo así”

Salí del banco embobado, al parecer la ultima sonrisa que me disparo dejo alterado todo mi sistema emocional. Lamente ser tan idiota de no poder preguntarle su nombre desde un inicio, medité la opción de esperar en la puerta hasta que llegara la hora de salida del banco, pero recapacite en lo absurdo, ridículo y psicópata que se vería que un sujeto cualquiera te esperara cuatro horas parado afuera solo para preguntarte tu nombre. Como que sonaba medio obsesivo. Muy friqui

En esas mongolitas cavilaciones andaba, cuando se me ocurrió una salida más salomónica, aunque algo huachafa y riesgosa. En lugar de regresar al banco, hacer nuevamente la cola y esperar a que la suerte me sonría y me vuelva a tocar en la misma ventanilla, opte por escribirle una memoria. Esta memoria. Necesito que ella lo lea o que lo lea alguien que la conozca.

Si tú lo lees, chica del BCP, espero que contestes, que dejes alguna pista, algún comentario, una luz que me haga creer que el conocerte no fue mentira. Por otro lado, si no escribieras nada, entonces lo entenderé y dejare de imaginar y fantasear con adornos florales y corazones con alitas. Se que se ve medio loco y extraño lo que estoy haciendo, pero, también fue extraño las circunstancias en que la conocí, eso – quizás – debe significar algo.  

Edición y Fotografía: Dessiree Ramos Angeles (la ojona y cada vez más delgada, Dessita. Que cada día tiene más jale con los carameleros y moto taxistas)
Facebook oficial del blog:



[Chica BCP, si tuviera el gusto de conocerte y salir por ahí, definitivamente bailaría esta canción contigo hasta que me salgan ampollas]

 



lunes, 10 de junio de 2013

MI NOVIA ES UN ZOMBI




Una tarde del 2004, discutía con B (una ex enamorada); por aquel entonces tenía 17 años, estábamos sentados en el sofá de la sala de su casa, ya no recuerdo que reproches nos hacíamos, pero sí sé que el ambiente se puso algo cargado. Llegó un determinado momento en el cual le recriminaba sus constantes engreimientos, ella no encontró mejor forma de responderme que con un insulto: “eres un idiota”.
Su respuesta me sonó tan obscena, que me causó una súbita indignación. Esas tres silabas que acababa de pronunciar (i/dio/ta) fueron el detonante para que pusiera fin a la precaria discusión adolescente. Me paré en el acto  y con una mezcla de arrebato y fanfarronería, le dije: ¿Sabes qué? ¡Me Quito! Estaba furioso, dolido, taciturno, parecía como si me hubiese sacado la vuelta 3 veces. En un Acto de arrepentimiento ella trato de persuadirme pero, como no pudo lograrlo, se interpuso entre la puerta y yo.
- ¿Por qué te vas si no quieres irte?
- Si me quiero ir.
- ¿Estás seguro?
- Claro que sí.
- Esta bien, pero luego te vas arrepentir.
- No lo creo.

Al ver que deposité mi mano en el picaporte de la puerta, ella no encontró mejor manera de detener mi escape, que con un tremendo y salivoso mordisco en el brazo. Sonará tonto y hasta masoquista, pero en vez de producirme más cólera y rabia de la que ya sentía, me invadió un súbito ataque de risa. Lo cómico era que, después de la mordiscada que me produjo, tenía la cara, de reprocharme  diciéndome: “¿No que te querías ir? vete pues”. Así que cada vez que intentaba poner mi mano en la perilla de la puerta, era atacado por otra mordedura de parte de B como si yo fuera una manzana o un pedazo de carne asada con patas.

Lo extremadamente irónico y extraño, era que me mataba de la risa como si  B me estuviera contando un chiste. Al final su estrategia de distracción le sirvió mucho, porque, al minuto siguiente entre risa y risa, nos metimos un chape como símbolo de paz.

A estas alturas, quizá los lectores pienses que sea un masoquista al que le gusta el golpe, siguiendo al pie de la letra el refrán de la paisana Jacinta: “más me pegas, más te quiero”. La verdad, no es así. Me causó gracia su repentina salida para una discusión que se salía de control.

Los días posteriores, llegaron a ser iguales a una batalla campal. Cada vez que discutíamos por una u otra cosa insignificante, a B no se le ocurría mejor manera de terminar la discusión que metiéndome otra mordía cual perro rabioso. La primera vez me pareció graciosa, cómica, algo fuera de lo común, pero a estas alturas, la verdad ya me producía una antipatía el estar quejándome de la manía que había adquirido B.


Al parecer mis constantes reproches hicieron que calmara su ímpetu de morderme, pero con lo que no contaba, era que había adquirido otro hábito, una conducta que nunca le había conocido. Y es que, cada vez que asistíamos a una fiesta, ella se quedaba paralizada varias horas, sin emitir una sola palabra, sin iniciar ninguna conversación, era lo que se dice una “chica parca”, “fría”, al mismo estilo de una emo sacada de Jirón Quilca. 

Lo curioso de todo esto era que días antes de invitarla al cumpleaños de fulanito, ella aceptaba con gran entusiasmo mis salidas fiesteras. Previamente desde luego, me hacia las preguntas de rigor: ¿Dónde era? ¿De quién era el tono? ¿Quiénes iban a ir? ¿Hasta qué hora nos íbamos a quedar? etc, etc, etc.

Llegado el día de la fiesta, pasaba a buscarla como es normal y la encontraba linda y espectacular como muchas veces. Verla en ese estado me agitaba el corazón y la baba borboteaba cayendo de mi boca. Lo que sí me parecía raro, es que minutos antes de salir de su casa, me informaba que ya había pedido permiso hasta la 1 de la mañana y con una cara de picara preguntaba “si de verdad tenía ganas de ir a la fiesta de menganito”. Desde luego, que Alan, Don Pepelmas, quien tenía el libido de un niño de cuatro años, respondía como un autómata programado sin opción a pensarlo: “Claro que sí amor, donde mas creías que íbamos a ir”.

Como muchas otras veces, llegábamos a la fiesta, y de inmediato se colgaba. Más de una vez pensé que se aburría en los tonos, que quizá no era lo suyo rodearse de tanta gente; pero qué diablos, estaba más embobado que Pucca persiguiendo a Garu y a esas alturas muy poco o nada me importaba que me hubiera mordido el brazo o que no emitiera ningún sonido en las fiestas. Además, me gustaba pasear de la mano de B por esos lugares y que los demás chicos promiscuos de mi edad, me miraran con envidia y recelo por el mujerón que llevaba de la mano.

A la semana siguiente, B me invitó a almorzar a su casa, era algo raro en ella, porque para empezar no sabía cocinar, era un total desastre frente a las ollas, sartenes y tablas de picar, además, ella no solía tener esos detalles tan femeninos. Era de esperarse que su mamá, la encantadora y consentidora Fabiola, cocinara el menú del día. Para sorpresa mía, la Sra. Fabiola, estaba preparando un rico Lomo Saltado, y mientras cortaba las tiras de carne para el platillo principal, B las salpimientaba a modo de ayudar en la cocina. Aquella escena me pareció muy tierna; para empezar me fascina ver que una mujer cocine, o al menos haga la finta de querer cocinar.  De un momento a otro  sonó el teléfono de la sala, como es lógico, la Sra. Fabiola se dirigió a contestar, dejándonos solos en la cocina por unos cuantos minutos.

Mientras que observaba a B aderezar las tiras de carne para el Lomo Saltado, me enamoraba más de ella como un tonto de las pelotas (de ahí el popular refrán de que a los hombres se les conquista por el estómago), en esas introspecciones idealistas marchaba, cuando de un momento a otro cogió un trozo de carne cruda – la cual iba a ser para el lomo – y sin ningún aviso se lo metió a la boca, engullendo con gran satisfacción aquel pedazo de res.

Entiendo que hay personas que les gusta la carne término medio, algunos les fascina comérselo a la inglesa (es decir, con sangre chorreando del plato), pero ¡comerlo crudo! es algo que en realidad no me cuadra. Fue por ello que al reprocharle tal barbaridad, ella me respondió de una manera muy fresa: “¿pero qué tiene de raro? ¿Acaso tú no has comido ceviche, que no es otra cosa que pescado crudo con limón y sal?”. Quise refutarle de una manera salomónica, pero en ese momento llegó su mamá con una gaseosa bajo el brazo, neutralizando así el episodio carnívoro que B acababa de interpretar.  

Aquella tarde me quedé en mi casa hecho una planta, mientras  fantaseaba con B y el futuro que nos esperaba juntos; con cuatro hijos acuesta, un perro salchicha y una casa de dos pisos color melón, tampoco podía dejar de imaginar absurdas teorías sobre el comportamiento de B. Analizaba todas las facetas que tuvo, desde morderme y comer carne cruda, hasta permanecer en silencio y no decir nada como un zombi en la fiestas.

Estaba claro que ella tenía un problema, pero la pregunta era ¿cuál sería la solución? ¿Conversar con ella sobre sus manías? ¿Informarles a sus viejos que tenía un trastorno con la carne cruda?  O simplemente cruzarme de piernas y esperar a que termine de convertirse en una loca y cual si fuera una película de Hannibal amanecer un día amarrado de pies a cabeza con el vientre descubierto, salpimientado y mordisqueado por la eufórica y caníbal de B.  

Claro que todas esas ideas sonaban muy descabelladas, hasta llegué pensar que tenía un complejo de Zombi, ¿qué puedo decir?, por aquel entonces era muy fanático de Resident Evil (un juego de PlayStation que esa ahora como decir The walking dead) y en ocasiones imaginaba que las acaloradas calles de Ica eran como Raccon City.

La noche del Viernes quedé en ir a su casa a ver una película que había comprado, cuando toque el timbre de su puerta, salió presurosa y muy bien arreglada, como si fuéramos a salir, de pronto pasó a informarme que sus papás se habían ido a una fiesta y que regresarían muy tarde por la madrugada, así que la casa estaría sola varias horas. En ese momento, como muchas otras veces, no capté la indirecta, me desparramé en el sofá de la sala y puse la película en marcha. Al final no vi ni cinco minutos de la película, ya que, de un momento a otro los besos acalorados no se hicieron esperar, todo iba transcurriendo con sutil normalidad, cuando una repentina mordida de labio hizo que saltara del sofá.

- ¿Qué te pasa? ¿Por qué hiciste eso?
- ¿Qué te pasa a ti? ¿Por qué reaccionas de esa manera?
- ¿No entiendes que no me gusta que me muerdas?
- O sea que vas hacer un drama con todo esto y seguro ahora te vas a querer ir.
- Pues sí, no me siento cómodo ¡Me voy!
- Anda vete pues, pero luego no te arrepientas.

Ya sé que a ninguna chica le atrae ese tipo de conducta, se también que fui un reverendo idiota por no captar lo que en realidad B quería hacer, pero a mi favor puedo decir que recién estaba conociendo el acalorado mundo sentimental. Fue por ello que cuando me pare del sofá para dirigirme a la puerta, B me atacó por la espalda, pellizcándome el poto. Gire de inmediato y ella se abalanzo sobre mí para besarme. Sin reacción posible, solo me dejé llevar. Lentamente fuimos avanzando hacia el sofá. Ella estaba hecha una fiera: me arañaba la espalda, me pasó su lengua por toda la cara como si en vez de un chico fuera una paleta de caramelo.

La cosa se puso algo violenta. Lo que pudo ser una tierna escena sentimental, se convirtió en un grosero round de lucha libre. Nos caímos al suelo, nos revolcamos, cambiamos de posición. Todo fluía tal y como mandan los cánones de la seducción.

Fue en aquel momento que cometí el peor error de mi vida, mientras B me quitaba el polo para seguir con el juego prohibido, comenzó a darme besos por todo el pecho hasta llegar a la zona abdominal, donde repentinamente me metió un mordisco cerca del ombligo. Aquel mordisco inesperado desencadenó una reacción nerviosa que nunca imaginé tener.

Por acto reflejo doble mi rodilla izquierda, estampándole un golpe al nivel de la nariz en el rostro de B. Prácticamente quedó noqueada en la alfombra de su sala, le sangraba el labio superior, y yo que más asustado no podía estar, traté de persuadirla pidiéndole disculpas por el abrupto golpe propiciado por los nervios. Su única y lógica respuesta fue: ¡Lárgate! ¡No te quiero volver a ver! ¡Eres un idiota!


Salí expectorado de su casa y de su vida como un perro sarnoso, sentí un hincón de vergüenza en el estomago, imaginar el horrendo estado con el que amanecería su labio, todo hinchado,  como la bemba de Michael Jackson antes de la operación; pero lamenté aun más, la idea de echar a perder mi primer intento real de bailar tango sin ropa con una enamorada.

Mientras caminaba de regreso a mi casa, me di cuenta que había sido un tremendo cojudo el no darme cuenta de las señales que ella emitía. No es que se aburriera en las fiestas y por eso no hablara, era que quería ir a un lugar más privado donde solo estuviéramos los dos, tampoco es que había adquirido la manía de morder, es solo que me mordía para poder excitarme y así sea yo quien dé el primer paso (el cual nunca di), lo que si no pude explicarme fue por qué comía carne cruda, pero era algo que no venía al caso. El punto es que había arruinado algo que pudo ser una noche salvaje y hormonal.

Después de llamarla toda la semana y no recibir señales de vida, accedí en ir a buscarla a su casa, imagine que después de toda la semana, la cólera se le había pasado, que podíamos entablar una conversación tranquila y retomar los besos que dejamos inconcluso en el sofá.

Como no sabía que hacer en un caso como este, decidí darme una vuelta por la florería que estaba cerca a la Plaza de Armas. Nunca había regalado flores, ni mucho menos escribir una dedicatoria, así que en cuanto llegué a la florería entré, pedí un ramo de margaritas y en un descuido del despachador, cogí el cuaderno de apuntes que estaba sobre el mostrador y revise las dedicatorias que otros sujetos habían dejado. Ante tal arrebato sé que mi curiosidad pudo más. Dicen que la curiosidad mató al gato, pero de risa. Mientras leía los mensajes, no podía evitar reírme como un payaso, había encontrado cada mensaje atorrante y ridículo de los cuales pude rescatar los siguientes. “Si no me perdonas, me mato”, “Me muero si me dejas”, “Espérame bañadita”, “Se que el otro no te hace sentir lo mismo que yo”, “Te extraño, perra”, “Te querré hasta que Perú vaya a un mundial”, “Estas flores te las mandamos ‘Panchito’ y yo”.

Después de coger mi ramo de margaritas sin dedicatoria, partí rumbo a la casa de B. En el camino intentaba idealizar alguna frasecita corta que hubiera escuchado en alguna comedia romántica, algo que me funcionara para decir “lo siento” sin tanta alharaca. En esas mongolitas cavilaciones andaba, cuando al cruzar la esquina de su casa, me llevé la sorpresa de mi vida. Estaba  la susodicha, parada de los mas fresa en la puerta de su casa, besuqueándose tan cándidamente con un tarado que fácil y le llevaba unos 6 años.
 

Totalmente indignado di media vuelta rumbo a mi casa, lanzando insultos y maldiciones al aire: ¡putamare!, ¡carajo!, ¡conchasumare! No encontraba mejor forma de desquitarme que lanzar insultos a ningún destinatario. Me habían herido en mi precario orgullo adolescente, así que,  al mismo estilo de una de las película románticas de James Cameron, me puse a desojar margaritas (literalmente hablando) todo el camino de regreso.

Casi antes de llegar a mi casa, en un acceso de tranquilidad, alcance a mandarle una maldición a lo lejos: “Putamare, ojalá este huevón le empareje el otro labio”.

 
Edición y Fotografía: Dessiree Ramos Angeles (La culpable y hacendosa Dessita, que la otro noche me invitó unos huevos sancochados que me mandaron al baño todo el día)

Facebook oficial del blog:


[Les dejo esta canción que fue la precisa que sonó en mi cabeza el día que regresé a mi casa desojando margaritas por el camino. Un tema puñal.]

 

 

Aviso de Servicio Público 1: Quiero saludar a mi hermano Adolfo por su cumpleaños, acaba de cumplir quince y ya está listo para salir a la cancha a sudar la camiseta.

Aviso de Servicio Público 2: Gracias Silvana, Dessiree y Betto por prestarse para las huachafas fotos de este blog. Un abrazo pulpo.    

<a href="http://www.perublogs.com/top100.php?top=1"><img src="http://botones.perublogs.com/img/perublogs0.gif" alt="Peru Blogs" style="border:0" /></a>
 

martes, 28 de mayo de 2013

OTRO TECHO DESCONOCIDO




Después de un acalorado día, me desparramé en mi cama mirando el techo de mi cuarto. Lo inspeccionaba de lado a lado, espacio por espacio, esquina por esquina; tratando de descubrir alguna clave, una señal, una familiaridad, a ese vacío y blanco espacio cuadriculado.

Aunque muchos me tilden de orate y chiflado, intentaba iniciar una plática mental con aquella cubierta de cemento de cinco metros cuadrados. Preguntarle si nos llevaríamos bien, si guardaría mis más febriles devaneos sentimentales, si sería cómplice de mis arrebatos nocturnos, si no se burlaría de mí al verme reír, gritar, llorar o las tres cosas juntas; si me extrañaría durante mi ausencia, o si en todo caso creería – como muchos de ustedes – que soy un loco más, que habla con su techo. Lo digo de esta manera porque, aunque muchos no lo sepan, me acabo de mudar.

El mudarse, señores, es hacer un cambio radical en tu vida, es como despojarte de un objeto por el cual has desarrollado una gran cantidad de sentimientos. Es como tener un celular con el cual has compartido una infinidad de momentos, que te acompaño a todos lados, te sacó de apuros, capturó a través de fotos momentos inolvidables pero que con no mucho dolor te desprendes de él para darle la bienvenida al nuevo y mejora iphone.

Mudarse de casa no es solo desmantelar el pesado escenario que montaste durante todo ese tiempo. Es decir, no es guardar en cajas los objetos preciados, embalar con cartones las cosas frágiles, ni envolver en periódico los platos y vasos de porcelana. Mudarse de casa implica dejar atrás una serie de recuerdos y vivencias de las cuales fuiste el protagonista principal; es decirle adiós a ese lugar donde celebraste tus triunfos, juergueaste hasta morir, te reuniste con tu patas los viernes por la noche en los llamados “viernes de calzoncillos”, brincaste de alegría cuando recibiste la llamada de tu enamorada diciéndote: “Amor, ya me vino”, gritaste los pocos goles de la selección, lloraste a solas entre esas cuatro paredes mientras veías “Diario de una Pasión” y claro, te amaneciste - acompañado de una taza de café - escribiendo post para que luego sean colgados en tu blog.

Es normal tener el apego a las cosas materiales, pero una vez que se inicia la mudanza, es hora de descolgar cada diploma, retirar cada foto y despintar cada graffiti. 

Desde que tengo uso de razón, me di cuenta que era preso de un instinto inestable. Sin querer, cambia constantemente las cosas, no podía estar mucho tiempo en un solo sitio, era lo que se denomina un nómada. Ojo señores que no tiene nada que ver con mi yo sentimental o mi toma de decisiones, no suelo ser voluble en ese aspecto, solo en los sitios que frecuento. Así que como buen gitano, le encontré el lado positivo al mudarme de casa. No solo se trata de sentir pena por lo que dejas atrás,  más bien, de sentir emoción por lo que vas a empezar, es como regresar un expediente a fojas cero. Desde luego que el nuevo espacio que vas habitar, viene acompañado de nuevas experiencias, nuevas amistades, nuevos vecinos, nuevas juergas y claro - desde luego - nuevos amoríos.

Lo único fregado de mudarte es el pesado trabajo de acomodar todo nuevamente, y no solo eso, sino que también tienes que ubicarle un lugar a tus pertenencias de acuerdo a los espacios físicos de tu nueva residencia domiciliaria. Jalar los muebles, acomodar el televisor, instalar tu cama, conectar cables, limpiar las cosas que se ensuciaron en el traslado, desempacar la ropa, abrir cajas y desde luego, examinar y desechar lo que ya no te sirve.

Algo de esto último me sucedió el otro día. Mientras movía mi cama, colgaba las cortinas y llenaba la biblioteca con libros y chucherias, me tope con una caja polvorienta  y sellada que decía “recuerdos de A” (los que no saben, A es una ex enamorada con la estuve muchos años), así que, en un acto entre nostálgico y masoquista, lo abrí. Al mismo estilo del videoclip  Dime de Max Pizzolante, deje de limpiar y me senté con las piernas cruzadas a ver fotos, tarjetas de cumpleaños, medallas, pulseras, collares con tu nombre grabado en un grano de arroz, a leer cartas escritas en una hoja de cuaderno, a reír (o llorar) de los posavasos en los que ella me escribió una dedicatoria. Es bien raro eso. Es como husmear en tu pasado y sentir – por unos segundos – que en tu interior hacen corto circuito algunos cables chamuscados. Es como si tu memoria intentara abrir una puerta que tú mismo habías clausurado.

Hay muchas personas que le gusta guardar esos recuerdos, esos souvenirs que dejan las relaciones que se rompen. Yo, por el contrario, intento deshacerme de ese conjunto de recuerdos que me provocan incómodos flashbacks, no como un intento de escapar del pasado, sino mas bien para despedirlos oficialmente y darle las gracias por los servicios prestados, ya que de nada me sirve retenerlos si ya perdieron su valor simbólico y dejaron de cumplir su finalidad original que era hacerme sonreír.

Aun no termino de arreglar y acomodar algunas cosas; más que pesado, me da flojera mover las sillas, muebles y roperos que aun están esperando ser ubicados; siendo sincero, también me da un poco de pánico seguir rebuscando las cajas selladas y encontrar algún otro recuerdo del pasado que me ponga nuevamente feeling. Antes que seguir husmeando en el pasado, prefiero recostarme en mi cama, con la mirada hacia arriba, y platicar con mi techo, tratando así de negociar los acuerdos de esta nueva convivencia. 



Edición y Fotografía: Dessiree Ramos Angeles (la estresada y clandestina Dessita)

Facebook oficial del blog:



[Este tema de Max Pizzolante, fue la canción que sonó en mi cabeza en el preciso momento que me senté a revisar la caja del recuerdo, si no fuera porque esto lo publico en internet, diría que lloré como un descocido. Ojala ustedes también disfruten de la canción. Abrazos]


domingo, 28 de abril de 2013

TODOS MENTIMOS




A estas alturas de mi vida, reconocer que yo también he soltado de vez en cuando un par de mentiras, es algo que no me molesta. Todos, absolutamente todos los seres humanos hemos dicho alguna mentira para solucionar un imprevisto, un pequeño problema o convencer a alguien de hacer algo.

Para esto, el ingenio del ser humano ha creado un catálogo de mentiras perfectas para salir delicadamente de cualquier aprieto. Es por esto mismo que he percibido que existen varios tipos de mentiras. Hay mentiras verdaderas, mentiras creíbles, mentiras piadosas y hay una clase en especial a la que llamo “mentiras estúpidas”.

Desde niños solemos mentir con frecuencia para salir de algún problema temporal, la mayoría de veces son mentiras amateurs dignas de todo infante, como por ejemplo: “Se cayó solo y se rompió”, “ya estaba así cuando yo vine” o la grandilocuente “mamá yo no fui, fue el perro”.

Llega la época escolar y las mentiras van en subida, los púberes y adolescentes por lo general son más descarados al mentir, lo digo así, porque normalmente no se dan cuenta que al decir una mentira cometen el error de delatarse al minuto siguiente.

Quizás a más de uno le ha pasado exactamente lo mismo, estás en una fiesta y sacas a bailar a una chiquilla, y ella en lugar de ser franca y reconocer que no le gustas (y corresponder así el gesto sincero y transparente de haberla elegido como pareja momentánea), busca un pretexto para decirte que no, apelando de esta manera a las mentiras del tipo: “es que estoy cansada”, “es que estoy con enamorado”, o la peor “es que estoy con mi amiga”, ¡Ja!. Claro que sacrificadas que son. Pero basta que las invite a bailar un tipo guapo y grandote y ellas acceden y les importa un bledo dejar a la amiga parada durante cuatro horas. Y lo más trágico es que lo hacen en tu cara, un segundo después de haberse negado a bailar contigo.  

Pero no solo en las fiestas ocurren las mentiras, también suceden dentro del colegio. Quien no ha usado la mentira más popular al comenzar las clases: “Este año sí me pongo a estudiar”, o sea todo bien con que te proyectes metas y quieras salir invicto ese año, pero la verdad de la milanesa es que en el fondo sabes que no lo vas hacer, cometerás toditas tus patinadas una por una, tu propia naturaleza te lo demandará y faltando solo un bimestre para que acabe el año, recién te pondrás las pilas.

Llega la etapa de la universidad y alcanzas un nivel de mentira inimaginable, y lo digo así porque en esta etapa, las relaciones sentimentales, amicales, laborales y académicas vienen con mayor fuerza. La primera mentira que surge y aflora de los labios universitarios es la siguiente: “Yo nunca digo mentiras”. ¡Por Dios!  Éste es el floro más antiguo y la mentira más ruin y tonta que alguien haya podido decir, claro que hay personas que llegan a un grado de mentira que no solo la dicen sino que también arman toda una escenografía a su alrededor para conservar la mentira, y lo peor es que viven esa mentira y la creen.

Mentimos impúdica y descaradamente, si estamos llegando tarde al trabajo, mentimos: “hubo mucho tráfico”, “justo me agarró la manifestación de huelguistas por la avenida”, “tuve un percance familiar”, “la combi en la que iba, chocó” o la seca y popular “ya estoy llegando ya”. Mentimos para faltar: “estoy enfermo”, “tengo cita en la clínica”, “me agarró el paro de transportistas” o la extrema y cruel “falleció mi abuelita”, no sé cuantas abuelitas tenemos, pero siempre las paramos matando. La verdad de todo esto, es que fingimos y expresamos sentimientos que no existen, en vez de decir “me quedé dormido”, “me demoré en bañarme”, “Ayer la hice hasta tarde con mi pata” o “estoy de boleto”, simplificamos nuestros errores con mentiras, piadosas o estúpidas, para evitarnos así todo el repertorio de quejas y llamadas de atención.

Otro tipo de excusa para mentir es en un bar, estas con tu enamorada y ella quiere irse porque está aburrida, lo primero que se dice en esos casos es: “amor, solo una más y nos vamos”,” después de esto nunca más vuelvo a tomar” o la más fría “ya la última”. Claro que es la última, pero última que tu invitas, ya que tus demás amigos también saldrán con el mismo floro diciendo que es la última y así hasta que el último de tus amigos ponga “la última” sonaran las 4 de la mañana, ebrios y sin plata.

Mentimos en la calle, mentimos en la casa y mentimos dentro de una relación. Cuando están a punto de descubrirte cualquier infidelidad, también recurrimos a las frases célebres y engaña tontos: “gordito, no había señal por aquí”, “amor, nunca me llegó tu mensaje”, “amor, no puedo hablar, estoy en la biblioteca”, “flaca, luego te llamo, estoy en reunión” y sin dudar la frase más descarada de todas “amor, te juro que ella es mi prima”.

En una disco mentimos para conseguir y obtener lo que sea: “hola, tu cara se me hace conocida ¿no eres la hermana de Diego?”, “flaca solo es un trago no más”, “oye si quieres pasamos primero por mi casa para invitarte un café y  así se te pase la borrachera” o la más descarada “si quieres vamos a un telo a descansar, no te preocupes no va a pasar nada”.

Lo gracioso de todo esto, es que una vez obtenido el acercamiento directo, en vez de continuar el flirteo ocasional de la manera más sincera y franca, seguimos recurriendo a mentiras del tipo: “ya pues, solo un ratito no más”, “Te juro que no te va a doler” y el floro mas antiguo de todos “la cabecita no más”.

Ojo señores, que no solo los hombres mentimos en ese aspecto.  También en el sexo las mujeres tienen en la mentira un arma de largo alcance. Ellas pueden falsear un orgasmo y hacernos creer que somos unos papis machazos. Los hombres, en cambio, no podemos: la eyaculación es el rastro, la prueba inapelable del placer obtenido (eso explicaría por qué algunos hombres, después de terminar una relación sexual – asaltados por la tormentosa duda de un posible orgasmo fingido – hacen bochornosas preguntas como ¿llegaste?, ¿te gustó? o ¿qué tal estuve?).

Pero no solo es mentirnos en el sexo, sino también después de él. Muchas mujeres en plan de mojigatas puritanas, suelen bombardearnos con excusas del tipo: “¡Ay! no se qué vas a pensar de mi”, “yo no acostumbro hacer esto”, “es la primera vez que me pasa”, “lo que pasa es que tu causas un efecto raro en mi”, “debes entender que esto uno no lo hace con cualquiera”. ¡Ja! purita demagogia y falsedad.

Podemos mentir en todos esos aspectos, pero lo que sí me parece cruel e insensible es mentir para terminar una relación. Sé que a todo el mundo le cuesta trabajo concluir una relación y para evitar dar la estocada final que destruya nuestro corazón, solemos recurrir a las mentiras más absurdas e increíbles: “el problema no eres tú, soy yo”, esta por ejemplo me parece la excusa más absurda del planeta, una porque ya esta gastada y dos porque parece la frase de un empleador que se excusa de contratarte porque estás “sobre calificado” para el puesto.

Pero hay algunas que son muy melodramáticas y para ello te preparan, para que recibas la mentira más mentecata de todas: “nunca nadie me hizo reír como tú, sabes que eres un chico especial, pero creo que necesitamos un tiempo”,  lo peor es que nunca precisan cuanto. Claro, lo que no te dicen es que conocieron a otro pata que les movió el piso y están intentando averiguar si hay futuro con ese sujeto o no.

Creo que de todas las mentiras y frases con repertorios bien preparados, me quedo con mi favorita: “¿Acaso crees que es fácil para mí? Es probable que tú encuentres a otra, en cambio yo siempre me quedaré con la duda de si tomé la mejor decisión. Además esto lo hago por los dos. Si realmente me amaras como dices, entenderías mi decisión, me apoyarías y me dejarías ir. ¿O es que realmente no me amas?”


Edición y Fotografía: Dessiree Ramos Angeles (la inmaculada y explotada Dessita)