Después de un acalorado día, me desparramé
en mi cama mirando el techo de mi cuarto. Lo inspeccionaba de lado a lado,
espacio por espacio, esquina por esquina; tratando de descubrir alguna clave,
una señal, una familiaridad, a ese vacío y blanco espacio cuadriculado.
Aunque muchos me tilden de orate
y chiflado, intentaba iniciar una plática mental con aquella cubierta de
cemento de cinco metros cuadrados. Preguntarle si nos llevaríamos bien, si
guardaría mis más febriles devaneos sentimentales, si sería cómplice de mis
arrebatos nocturnos, si no se burlaría de mí al verme reír, gritar, llorar o
las tres cosas juntas; si me extrañaría durante mi ausencia, o si en todo caso
creería – como muchos de ustedes – que soy un loco más, que habla con su techo.
Lo digo de esta manera porque, aunque muchos no lo sepan, me acabo de mudar.
El mudarse, señores, es hacer un
cambio radical en tu vida, es como despojarte de un objeto por el cual has
desarrollado una gran cantidad de sentimientos. Es como tener un celular con el
cual has compartido una infinidad de momentos, que te acompaño a todos lados,
te sacó de apuros, capturó a través de fotos momentos inolvidables pero que con no mucho dolor te desprendes de él para darle la bienvenida al nuevo y mejora iphone.
Mudarse de casa no es solo
desmantelar el pesado escenario que montaste durante todo ese tiempo. Es decir,
no es guardar en cajas los objetos preciados, embalar con cartones las cosas
frágiles, ni envolver en periódico los platos y vasos de porcelana. Mudarse de
casa implica dejar atrás una serie de recuerdos y vivencias de las cuales
fuiste el protagonista principal; es decirle adiós a ese lugar donde celebraste
tus triunfos, juergueaste hasta morir, te reuniste con tu patas los viernes por
la noche en los llamados “viernes de calzoncillos”, brincaste de alegría cuando
recibiste la llamada de tu enamorada diciéndote: “Amor, ya me vino”, gritaste
los pocos goles de la selección, lloraste a solas entre esas cuatro paredes mientras
veías “Diario de una Pasión” y claro, te amaneciste - acompañado de una taza de
café - escribiendo post para que luego sean colgados en tu blog.
Es normal tener el apego a las
cosas materiales, pero una vez que se inicia la mudanza, es hora de descolgar
cada diploma, retirar cada foto y despintar cada graffiti.
Desde que tengo uso de razón, me
di cuenta que era preso de un instinto inestable. Sin querer, cambia
constantemente las cosas, no podía estar mucho tiempo en un solo sitio, era lo
que se denomina un nómada. Ojo señores que no tiene nada que ver con mi yo
sentimental o mi toma de decisiones, no suelo ser voluble en ese aspecto, solo
en los sitios que frecuento. Así que como buen gitano, le encontré el lado
positivo al mudarme de casa. No solo se trata de sentir pena por lo que dejas
atrás, más bien, de sentir emoción por
lo que vas a empezar, es como regresar un expediente a fojas cero. Desde luego
que el nuevo espacio que vas habitar, viene acompañado de nuevas experiencias,
nuevas amistades, nuevos vecinos, nuevas juergas y claro - desde luego - nuevos
amoríos.
Lo único fregado de mudarte es el
pesado trabajo de acomodar todo nuevamente, y no solo eso, sino que también
tienes que ubicarle un lugar a tus pertenencias de acuerdo a los espacios
físicos de tu nueva residencia domiciliaria. Jalar los muebles, acomodar el
televisor, instalar tu cama, conectar cables, limpiar las cosas que se
ensuciaron en el traslado, desempacar la ropa, abrir cajas y desde luego, examinar
y desechar lo que ya no te sirve.
Algo de esto último me sucedió el
otro día. Mientras movía mi cama, colgaba las cortinas y llenaba la biblioteca
con libros y chucherias, me tope con una caja polvorienta y sellada que decía “recuerdos de A” (los que no saben, A es una ex enamorada con la
estuve muchos años), así que, en un acto entre nostálgico y masoquista, lo abrí.
Al mismo estilo del videoclip Dime de Max Pizzolante, deje de limpiar y me senté con las piernas cruzadas
a ver fotos, tarjetas de cumpleaños, medallas, pulseras, collares con tu nombre
grabado en un grano de arroz, a leer cartas escritas en una hoja de cuaderno, a
reír (o llorar) de los posavasos en los que ella me escribió una dedicatoria.
Es bien raro eso. Es como husmear en tu pasado y sentir – por unos segundos –
que en tu interior hacen corto circuito algunos cables chamuscados. Es como si
tu memoria intentara abrir una puerta que tú mismo habías clausurado.
Hay muchas personas que le gusta
guardar esos recuerdos, esos souvenirs que dejan las relaciones que se rompen. Yo, por el contrario, intento
deshacerme de ese conjunto de recuerdos que me provocan incómodos flashbacks,
no como un intento de escapar del pasado, sino mas bien para despedirlos
oficialmente y darle las gracias por los servicios prestados, ya que de
nada me sirve retenerlos si ya perdieron su valor simbólico y dejaron de
cumplir su finalidad original que era hacerme sonreír.
Aun no termino de arreglar y
acomodar algunas cosas; más que pesado, me da flojera mover las sillas, muebles
y roperos que aun están esperando ser ubicados; siendo sincero, también me da
un poco de pánico seguir rebuscando las cajas selladas y encontrar algún otro
recuerdo del pasado que me ponga nuevamente feeling.
Antes que seguir husmeando en el pasado, prefiero recostarme en mi cama, con la
mirada hacia arriba, y platicar con mi techo, tratando así de negociar los
acuerdos de esta nueva convivencia.
Edición y Fotografía: Dessiree Ramos Angeles (la estresada y
clandestina Dessita)
[Este tema de Max Pizzolante, fue
la canción que sonó en mi cabeza en el preciso momento que me senté a revisar
la caja del recuerdo, si no fuera porque esto lo publico en internet, diría que lloré
como un descocido. Ojala ustedes también disfruten de la canción. Abrazos]
A estas alturas de mi vida,
reconocer que yo también he soltado de vez en cuando un par de mentiras, es
algo que no me molesta. Todos, absolutamente todos los seres humanos hemos
dicho alguna mentira para solucionar un imprevisto, un pequeño problema o
convencer a alguien de hacer algo.
Para esto, el ingenio del ser
humano ha creado un catálogo de mentiras perfectas para salir delicadamente de
cualquier aprieto. Es por esto mismo que he percibido que existen varios tipos
de mentiras. Hay mentiras verdaderas, mentiras creíbles, mentiras piadosas y
hay una clase en especial a la que llamo “mentiras estúpidas”.
Desde niños solemos mentir con
frecuencia para salir de algún problema temporal, la mayoría de veces son
mentiras amateurs dignas de todo infante, como por ejemplo: “Se cayó solo y se
rompió”, “ya estaba así cuando yo vine” o la grandilocuente “mamá yo no fui,
fue el perro”.
Llega la época escolar y las
mentiras van en subida, los púberes y adolescentes por lo general son más
descarados al mentir, lo digo así, porque normalmente no se dan cuenta que al
decir una mentira cometen el error de delatarse al minuto siguiente.
Quizás a más de uno le ha pasado
exactamente lo mismo, estás en una fiesta y sacas a bailar a una chiquilla, y ella
en lugar de ser franca y reconocer que no le gustas (y corresponder así el
gesto sincero y transparente de haberla elegido como pareja momentánea), busca
un pretexto para decirte que no, apelando de esta manera a las mentiras del
tipo: “es que estoy cansada”, “es que estoy con enamorado”, o la peor “es que
estoy con mi amiga”, ¡Ja!. Claro que sacrificadas que son. Pero basta que las
invite a bailar un tipo guapo y grandote y ellas acceden y les importa un bledo
dejar a la amiga parada durante cuatro horas. Y lo más trágico es que lo hacen
en tu cara, un segundo después de haberse negado a bailar contigo.
Pero no solo en las fiestas
ocurren las mentiras, también suceden dentro del colegio. Quien no ha usado la
mentira más popular al comenzar las clases: “Este año sí me pongo a estudiar”,
o sea todo bien con que te proyectes metas y quieras salir invicto ese año,
pero la verdad de la milanesa es que en el fondo sabes que no lo vas hacer,
cometerás toditas tus patinadas una por una, tu propia naturaleza te lo
demandará y faltando solo un bimestre para que acabe el año, recién te pondrás las
pilas.
Llega la etapa de la universidad
y alcanzas un nivel de mentira inimaginable, y lo digo así porque en esta
etapa, las relaciones sentimentales, amicales, laborales y académicas vienen
con mayor fuerza. La primera mentira que surge y aflora de los labios
universitarios es la siguiente: “Yo nunca digo mentiras”. ¡Por Dios!Éste es el floro más antiguo y la mentira más
ruin y tonta que alguien haya podido decir, claro que hay personas que llegan a
un grado de mentira que no solo la dicen sino que también arman toda una
escenografía a su alrededor para conservar la mentira, y lo peor es que viven
esa mentira y la creen.
Mentimos impúdica y descaradamente,
si estamos llegando tarde al trabajo, mentimos: “hubo mucho tráfico”, “justo me
agarró la manifestación de huelguistas por la avenida”, “tuve un percance
familiar”, “la combi en la que iba, chocó” o la seca y popular “ya estoy
llegando ya”. Mentimos para faltar: “estoy enfermo”, “tengo cita en la
clínica”, “me agarró el paro de transportistas” o la extrema y cruel “falleció
mi abuelita”, no sé cuantas abuelitas tenemos, pero siempre las paramos
matando. La verdad de todo esto, es que fingimos y expresamos sentimientos que
no existen, en vez de decir “me quedé dormido”, “me demoré en bañarme”, “Ayer
la hice hasta tarde con mi pata” o “estoy de boleto”, simplificamos nuestros
errores con mentiras, piadosas o estúpidas, para evitarnos así todo el
repertorio de quejas y llamadas de atención.
Otro tipo de excusa para mentir
es en un bar, estas con tu enamorada y ella quiere irse porque está aburrida,
lo primero que se dice en esos casos es: “amor, solo una más y nos vamos”,” después
de esto nunca más vuelvo a tomar” o la más fría “ya la última”. Claro que es la
última, pero última que tu invitas, ya que tus demás amigos también saldrán con
el mismo floro diciendo que es la última y así hasta que el último de tus
amigos ponga “la última” sonaran las 4 de la mañana, ebrios y sin plata.
Mentimos en la calle, mentimos en
la casa y mentimos dentro de una relación. Cuando están a punto de descubrirte
cualquier infidelidad, también recurrimos a las frases célebres y engaña
tontos: “gordito, no había señal por aquí”, “amor, nunca me llegó tu mensaje”,
“amor, no puedo hablar, estoy en la biblioteca”, “flaca, luego te llamo, estoy
en reunión” y sin dudar la frase más descarada de todas “amor, te juro que ella
es mi prima”.
En una disco mentimos para conseguir
y obtener lo que sea: “hola, tu cara se me hace conocida ¿no eres la hermana de
Diego?”, “flaca solo es un trago no más”, “oye si quieres pasamos primero por
mi casa para invitarte un café yasí se
te pase la borrachera” o la más descarada “si quieres vamos a un telo a descansar, no te preocupes no va
a pasar nada”.
Lo gracioso de todo esto, es que
una vez obtenido el acercamiento directo, en vez de continuar el flirteo
ocasional de la manera más sincera y franca, seguimos recurriendo a mentiras del
tipo: “ya pues, solo un ratito no más”, “Te juro que no te va a doler” y el
floro mas antiguo de todos “la cabecita no más”.
Ojo señores, que no solo los
hombres mentimos en ese aspecto.También
en el sexo las mujeres tienen en la mentira un arma de largo alcance. Ellas
pueden falsear un orgasmo y hacernos creer que somos unos papis machazos. Los
hombres, en cambio, no podemos: la eyaculación es el rastro, la prueba inapelable
del placer obtenido (eso explicaría por qué algunos hombres, después de terminar
una relación sexual – asaltados por la tormentosa duda de un posible orgasmo
fingido – hacen bochornosas preguntas como ¿llegaste?, ¿te gustó? o ¿qué tal
estuve?).
Pero no solo es mentirnos en el
sexo, sino también después de él. Muchas mujeres en plan de mojigatas
puritanas, suelen bombardearnos con excusas del tipo: “¡Ay! no se qué vas a
pensar de mi”, “yo no acostumbro hacer esto”, “es la primera vez que me pasa”,
“lo que pasa es que tu causas un efecto raro en mi”, “debes entender que esto
uno no lo hace con cualquiera”. ¡Ja! purita demagogia y falsedad.
Podemos mentir en todos esos
aspectos, pero lo que sí me parece cruel e insensible es mentir para terminar
una relación. Sé que a todo el mundo le cuesta trabajo concluir una relación y
para evitar dar la estocada final que destruya nuestro corazón, solemos
recurrir a las mentiras más absurdas e increíbles: “el problema no eres tú, soy
yo”, esta por ejemplo me parece la excusa más absurda del planeta, una porque
ya esta gastada y dos porque parece la frase de un empleador que se excusa de
contratarte porque estás “sobre calificado” para el puesto.
Pero hay algunas que son muy
melodramáticas y para ello te preparan, para que recibas la mentira más
mentecata de todas: “nunca nadie me hizo reír como tú, sabes que eres un chico
especial, pero creo que necesitamos un tiempo”,lo peor es que nunca precisan cuanto. Claro, lo que no te dicen es que
conocieron a otro pata que les movió el piso y están intentando averiguar si
hay futuro con ese sujeto o no.
Creo que de todas las mentiras y
frases con repertorios bien preparados, me quedo con mi favorita: “¿Acaso crees
que es fácil para mí? Es probable que tú encuentres a otra, en cambio yo
siempre me quedaré con la duda de si tomé la mejor decisión. Además esto lo
hago por los dos. Si realmente me amaras como dices, entenderías mi decisión,
me apoyarías y me dejarías ir. ¿O es que realmente no me amas?”
Edición y Fotografía: Dessiree Ramos Angeles (la inmaculada y explotada
Dessita)
Salí de la ducha, me amarre la
toalla a la cintura como si fuera un atuendo romano; mi ropa me esperaba lista,
tendida en la cama. Me alisté en 10 segundos, cogí mi mochila y salí disparado
rumbo a la cuadra 37 de Benavides. Aunque muchos de ustedes no lo crean, me
dirigía rumbo a un “Retiro Espiritual”. Ya lo sé, alguno por ahí dirá: “y esta rata, de cuando acá va un retiro si
ni a la iglesia ha ido”, “que gracioso, seguro va porque quiere gilearse alguna
fulana” o peor aun “seguro lo han
obligado a que vaya”.
Aunque cueste creerlo, me dirigía
por mi propia voluntad a un retiro espiritual de la parroquia de Chama – Surco.
Quizá no tenía todo el ánimo del mundo, pero algo si estaba claro, había
prometido ir a ese retiro y tenía que cumplirlo cueste lo que cueste.
Mientras me desanimaba dentro del
ómnibus que nos llevaría a las soleadas praderas de Ñaña, recordaba con no
mucho entusiasmo mi transcurso por algunos grupos religiosos.
La mayor parte de mi infancia y
adolescencia transcurrió en el colegio parroquial San Vicente de Paul, y aunque
en ese entonces no asistía a los retiros que celebraban, si me era grato asistir
a cuanta ginkana, kermes, verbena y fiesta colegial celebraban.
Como podrán darse cuenta, recibí
una educación religiosa desde muy pequeño, los valores marcados, los principios
morales arraigados y el respeto hacia el prójimo, eran normas que se cumplían a
rajatabla, y ni que decir de los pensamientos impuros, estaba prohibido mirar
de manera lascivia a tus compañeras de clase. Claro, a la edad de 10 años lo
único en que pensamos los hombres es en jugar pelota, mirar tele y dormir.
No fue hasta que cumplí 14 años
que mis pensamientos mojigatos y puritanos, se tornaban lúbricos y sátiros. Lo digo de esta manera, porque,
por aquel entonces fui invitado por una monjita (amiga de mi abuela) a una
excursión del colegio San José de Ica (colegio solo de mujeres). Para muchos el
colegio San José no era cualquier colegio. Era privado, exclusivo, un poco
aristócrata y – desde luego – repleto de chicas lindas.
Ir de excursión con puras chicas
de tu edad, atléticas, joviales, alegres y perfectas en todo sentido, era como
decirle a un mono que no coma bananas estando rodeadas de ellas. Apenas las vi,
temblaba de nervios, me subía la temperatura y duplicaba mis torpezas, si
alguna tenia la educación de saludarme y sonreírme, toda mi fe y mi pureza de alma se hacían picadillo.
En aquel entonces conocí a muchos
asesores espirituales que acompañaban a estas féminas colegialas con el único
afán de buscar un ligue o una novia temporal. Es decir, disfrazaban sus
verdaderas intensiones bajo una infalible mascara santurrona.
Recuerdo que en aquel entonces
uno de los asesores espirituales que no tendría más de 16 años, me explicaba
las muchas oportunidades que el retiro significaba. Una de sus anécdotas me
causo mucha gracia: “Loco, estas chibolas
son bien zanahorias, muchas veces las he tomado de la mano y les he dicho que
quiero aprender esas canciones en inglés de las que no entiendo ni un carajo,
las abrazaba, las rodeaba por la cintura y apenas se distraían les metía un chupetón,
cuando reaccionaban sorprendidas, les aseguraba que esa era una de las
enigmáticas maneras en que se manifestaba el amor del Señor en la tierra”.
Mientras reía a solas en mi
asiento recordando aquellos momentos, la gente del retiro me miraba con
extrañez y picardía. No pasó mucho tiempo para que el hermano Antonio (guía
espiritual del retiro) nos informara que habíamos llegado a nuestro destino.
Debo ser franco en algo, nunca había participado en un retiro y esta era la
primera vez, y ni bien cruzamos las puertas del santuario católico cristiano,
sentí como si estuviera entrando en el reclusorio de piedras gordas.
Ni siquiera habíamos comenzado y
ya quería irme, pero con gran optimismo superé ese desaliento temporal. Cenamos
temprano, rezamos un par de “padres nuestros” y luego nos fuimos al salón de
oraciones para iniciar con los temas preparados.
Después de dos horas de escuchar
temas religiosos y cánticos briosos, sentí como mi pecho palpitaba de la
desesperación, no es que este despotricando de ese fin de semana, es solo que
no estaba acostumbrado a estar tanto tiempo sentado en una reunión de la
iglesia. Por lo general, iba muy raras veces a misa y después de ello, sentía
un alivio religioso. Como que cumplía con mi parte de ser católico y eso me
justificaba para reventar las discotecas los fines de semana. Pero esta vez,
después de escuchar las indicaciones y reglas del retiro que eran: no fumar, no
tomar, no hablar por teléfono, dormir a las 11 P.M, levantarse a las 6 A.M,
estar todo el día escuchando la palabra de Dios con intervalos de una hora para
desayunar, almorzar y cenar, y todo eso hasta las 5 de la tarde del domingo,
como que me producía una garrotera involuntaria.
Para ser sincero, esa misma noche
quise desertar, me estuve pasando casi toda la noche mandando mensajes de texto
a todos mis amigos, a ver si alguno se animaba y venia a rescatarme del retiro,
pero cavilé en mis acciones y como los machos tuve que quedarme, caballero no
más. Total, lo peor que me podía pasar
es que me vuelva cura, pensé mientras miraba el cielo despejado de Ñaña.
A las 6 de la mañana en punto,
comenzó a sonar las campanas de la capilla avisando que era hora de levantarse
y cual si fuera una trompeta de cuartel, no dejaba de sonar hasta que te
levantaras de la cama. El rancho se servía puntual, 8 de la mañana, 1 de la
tarde y 7 de la noche. Nada que un entremés a medio día, ni un bocadillo en la
tarde o un lonchecito a las 6. Todo eso es pecado, exactamente el de la gula, así
que, o te amarrabas el estomago o morías en el intento.
Estaba prohibido fumar dentro del
retiro, tampoco se nos permitía tener el celular prendido, como que eso
interrumpía las sesiones de oración y claro ni que decir del internet, ella es
la madre de todos los pecados con su pornografía latente y sus juegos satánicos
virtuales.
Para un individuo tecnosexual como yo (o sea, adicto a la
tecnología), el privarme del internet y el celular, era como dejarme
cuadripléjico postrado en una cama. No voy a negar que igual llevé mi laptop
para que me haga compañía en las noches de soledad, pero eso si, como no me
encontraba en una habitación privada sino que la compartía con 10 personas más,
tenía que ser prudente con la luz de mi compu y apagarla para que no interrumpa
el sueño de los demás.
Como ya lo dije, intenté desertar
más de una vez, me era complicado escuchar los temas religioso todo el día. La verdad,
no estaba acostumbrado a ese ritmo de fervor y devoción, más de una vez me
ampayaron jateando en pleno rezo y encima tenia la conchudes de roncar como un
zángano.
En muchas oportunidades me fugaba
en plenas sesiones con el floro de ir al baño. Me escabullía por los pasadizos
y escaleras del lugar, pero, al mismo estilo del chapulín colorado, no contaba
con la astucia de los guías y pastores que siempre me encontraban escondido por
ahí. La verdad no sé como lo hacían, en 5 oportunidades me fugué y las 5 veces
me encontraron para regresarme otra vez al salón donde se hacían los rezos. Era
algo increíble, el lugar era inmenso y a pesar de que me iba hasta la punta del
cerro, escalando sus empinadas cúspides,
hasta ahí llegaba el guía de mi comunidad,
refunfuñando una frase del tipo: “hermano
Alan, no intentes escapar de los brazos del señor”, comienzo a creer que en
esa casa de retiro tenían cámaras de vigilancia por todos lados.
En la mañana del domingo, hubo
dinámica después de la misa. Consistía en que todos los presentes se acercaran
al altar y uno de los muchos guías espirituales, imponía sus manos sobre la
cabeza de los demás, si mal no recuerdo era como una especie de reconfirmación
del bautismo. Lo extraño y novedoso para mí, es que luego de eso, se
desparramaban en el piso, entrando en llanto y shock emocional. Yo, que estaba
parado en un rincón hecho una planta, miraba con asombro el estado anímico de
las personas que salían después de la imposición de manos.
Una de las hermanas se acercó a
mí para intentar convencerme de que participe de esa dinámica, me abrazó y me
dijo que no temiera a lo que al llanto se refería. Mientras tenía sus manos
rodeando mi espalda y su voz susurrando mi oído, mi mente automáticamente
recordó un episodio parecido de las épocas de adolescente.
Había una dinámica parecida, en
la que las chicas del último año del colegio, abrazaban a los muchachos de
segundo y tercero de media que eran parte del grupo católico cristiano. Los
rodeaban con sus brazos y les susurraban al oído frases emotivas y religiosas.
Una de las supuestas guías espirituales, me abrazo con tal fuerza, que me hizo
sentir afortunado y libidinoso, mientras ella me susurraba al oído el amor de
Dios en la tierra y que Cristo es nuestro Salvador, yo apretaba con tal fuerza
las cuencas de mi rosario. Mientras ella me decía que “Cristo está vivo”, “Cristo es el que te abraza”, “entrégate a los
brazos de él”, yo – con las manos empapadas de sudor – luchaba en silencio,
manipulando las bolitas del rosario con desesperación, repitiendo una y otra
vez los misterios gozosos, los misterios luminosos, los misterios gloriosos y
sobre todo los dolorosos.
De nada sirvió tanta piedad, porque
en el momento en que a esta fulanita se le ocurrió darme un beso de media luna
diciéndome que Cristo es el que te besa, mis impulsos hormonales que había
estado reprimiendo como un eunuco, rompieron las ataduras y por debajo de la
correa salió a relucir una prematura erección involuntaria. Supongo que imaginarán
la cara que puso la chica en ese momento, pero eso ya será historia de otro día.
Catorce años después me
encontraba en la misma situación, solo que esta vez sí acepté ser partícipe de
esa dinámica. Lo impensable era creer que el simple hecho de que una persona
ponga sus manos sobre mi cabeza, iba a generar que entrara en un transe
religioso y cual si fuera Linda Blair
en el Exorcista, levitara hasta que
el demonio fuera expectorado de mi cuerpo. Claro que eso no pasó, pero si soy
franco al decir que sentí como si me quitaran un peso de encima, quizás sea
porque estaba sugestionado por ver a todos los presentes salir moqueando, pero
puedo asegurar que algo me tocó.
Llegó las 5 de la tarde del domingo,
el retiro había terminado, fui el primero en subir al bus y el primero en bajar
de él llegando a Lima. Debo reconocer que después de todo, fue una experiencia
divertida y alegre, me sentía en Paz, y eso, es algo muy raro en mí,
normalmente siempre paro acelerado en todo, pero esta vez la calma prevaleció.
Quizá estos 3 días de retiro
lograron expulsar al diablito que llevo dentro, o quizá mi yo sátiro y
punzante, hizo las paces con mi yo angelical y santurrón. Si es así, la verdad
no se cuanto dure esa tregua, pero lo que sí sé, es que me siento renovado y
angelical. ¿Alguno me cree?
Edición y Fotografía: Dessiree Ramos Angeles (la santurrona y en
ocasiones media lujuriosa Dessita)
Este video va para todos los
lectores que vieron la película de terror más intensa de su época, dirigida por
el maestro William Friedkin y
que para mi humilde opinión siempre será un clásico entre
el género de terror. Viendo esta escena entenderán como me sentía el viernes
por la noche en mi desesperación por fugar
Aviso de Servicio Público 1: Los lectores que no
pueden hacer comentarios por motivos de no ser usuarios de esta Web, tienen la
opción de hacerlo a través de la URL del perfil de alguna red social. En buen
cristiano, deben ingresar en la parte de Comentar como: Nombre/URL,
en la parte correspondiente a URL copian el link de la página de su perfil del
facebook, twitter o alguna otra red social y el comentario quedara registrado.
Gracias “
Aviso
de Servicio Público 2: Quiero mandar un saludo especial al hermano
Antonio por ser el guía espiritual del retiro, y también porque se prestó para
la foto de portada del post. Como le prometí ese día, ayudaré con la difusión
y arreglos de la web parroquial, claro
con el apoyo de las intrépidas Dorita, Reyna y la pequeña Carolina.
<ahref="http://www.perublogs.com/top100.php?top=1"><img src="http://botones.perublogs.com/img/perublogs0.gif" alt="Peru Blogs" style="border:0" /></a>
No puedo expresar
la emoción que siento al ver que este blog, este humilde y sencillo blog
llamado “memorias de una rata”, haya podido llegar a las “1000 visitas” en tan
solo dos meses.
Quizá a muchos les parezca
algo simple y banal, pero para un escritor amateur como yo, poder llegar a las
mil visitas me produce, francamente, una extremada secuencia de
escalofríos.
Saber que a más de
uno le ha parecido familiar las historias que narro en este blog, es algo verdaderamente
cool, sobre todo sentir que cada
lector se siente identificado con algunas de mis memoriascomo para hacer espacio en su aglutinada vida
y darse el tiempo para dejar su opinión en un pequeño párrafo, desencadena en
mí una alegre mezclade emociones.
Cuando todas las
tardes reviso el blog y veo los comentarios que muchos lectores del facebook y
twitter han depositado, me invade una increíble mescolanza de sensaciones, saber
que ellos también quieren ser leídos, expresar sus opiniones, contar su
historia, reírse, disgustarse, debatir, expresarse, hace pensar que más que un
blog - donde puedas distraerte un rato y quizá robarles una sonrisa - viene a
ser como un diario público, donde no solo yo expreso mi opinión sobre un tema o
narro un hecho personal de la manera más cómica, sino todos pueden dejar su
opinión y narrar en un pequeño párrafo llamado comentario un diminuto episodio
de su acalorada vida, la cual tiene una íntima relación con el tema del post.
Como lo dije en
alguna otra ocasión, empecé a escribir hace un año en una red social conocida y
fue a raíz de la inadvertida llegada de un hacker, que decidí seguir mi
trayectoria en un blog.
En Febrero del 2012
escribí mi primer texto, lleno de melancolía, sufrimiento, despecho y enojo.
Para ser sincero, era un párrafo adefesiero, no tenia chispa ni gracia, el
texto de marras no era otra cosa que unpost aficionado, unas huachafas líneas dedicadas indirectamente a mi ex
enamorada, la cual se había convertido en la principal responsable de mis más
febriles devaneos sentimentales.
Ahora, lo que veo
aquí es que las historias que cuento, no son otra cosa que las historias de los
demás y en el fondo lo que los lectores hacen al leerme, es leerse a ellos
mismos. La sonrisa que dibujan al ver los cómicos títulos, las risas sonoras
que imagino sueltan al leer mis singulares post, la pelada de dientes que
enseñan al divertirse con las temáticas fotos hechas por la editora Dessita, la
verdad no tiene precio, y quizá para todo lo demás existe “Máster Card”. Pero
el alegrarles aunque sea un instante de sus días, que estén leyéndome desde su
casa u oficina, me genera más que alegría, emoción de saber que hay personas
que aprecian a este joven escritor entusiasta.
De parte de este
humilde servidordenominadoy autoproclamado Alan Cris (la rata), de la
popular editora, la chata power: Dessiree Ramos Angeles, más conocida como
Dessita, de mi gran e inseparable compinche, elgordo (que en ocasiones es como mi conciencia) y de toda la familia de
“Memorias de una Rata”, queremos agradecerles por haber podido llegar a las
1000 visitas, desde aquí y por haber estado ahí: ¡gracias totales!.
Edición y Fotografía: Dessiree Ramos Angeles (la
zanahoria Dessita)
Aviso
de Servicio Público 1: Quiero mandar un saludo especial a mi hermano
del alma, Betto (alias el gordo), el cual cumplió 27 años el martes de 12 de
Marzo. Tal y como se lo dije el Sábado en la fiesta sorpresa que le dimos (de
la cual aprovechamos para colarnos y celebrar también las 1000 visitas del
blog). ¡YA ESTAMOS VIEJOS HUEVÓN!
Aviso
de Servicio Público 2: Gracias a las maravillosas cualidades
tecnológicas de Dessita (la editora) sobre las NTIC, ahora, por fin
tenemos un facebook oficial de “memorias de una Rata”. Aquí les paso el link para
que puedan chequearlo y ver novedades que no puedan encontrar en el blog. http://www.facebook.com/#!/pages/Memorias-de-una-Rata/142876369215201?fref=ts
Creo que llegó el momento de
decir algo escandalosamente cierto que quizá a muchos les parezca apocalíptico
aceptarlo, y es que, como dice el conocidísimo reclame de Sprite, “tu amigo te
tiene ganas”.
No pretendo tratar de encubrir lo
que en realidad pienso, seré totalmente franco en lo que voy a proferir,
arriesgándome a ser merecedor de la antipatía más iracunda de algunas lectoras
y amigas del facebook. Y es que, la
tesis que estoy sustentando es que la amistad, la verdadera amistad, es la que
solo ocurre entre personas del mismo género. Es decir, la de hombres con
hombres y mujeres con mujeres.
No estoy siendo machista ni
tampoco feminista al señalar que solo existe amistad entre pares de género; es
solo que, desde mi punto de vista, un hombre solo puede ser totalmente sincero,
franco, verás, verdadero y conversar sin ataduras, con un amigo, con un pata,
con un yunta, con tu brother, con tu inseparable compinche, tu cómplice de
todas aquellas anécdotas que son tan íntimas que el simple hecho de divulgarlas
sería un pecado.
Con un pata puedes ser totalmente
directo y franco, no tienes que privarte de decir groserías, de soltar algún
eructo, de meterte una madrugada de PlayStation,
de computarte un adolescente promiscuo, inmaduro y atolondrado; tampoco te
privas de mirar a una flaca cuando pasa por la calle (es más voltea la mirada
contigo), no tienes que estar rogando para ver los partidos de la Champion League y lo más paja es que
pueden salir juntos a una disco en plan de pesca, tomar todos los tragos de la
barra y emborracharse brindando “por ellas aunque mal paguen”.
En el caso de una mujer, no
sucede lo mismo, el hombre siempre va a tener que reprimir todos aquellos
impulsos naturales que muchas veces la soltamos entre patas, tenemos que
pulirnos al momento de hablar y evitar decir una que otra indecencia delante de
ellas. Amén a los chiste machistas y opiniones sobre los cuartos de final de la
Liga Europea. Eso, mis queridos lectores, no es una verdadera amistad, quizá
alguno de ustedes ya lo habrá intentado, ser sueltos y libres al momento de
conversar con una chica y fácil también fueron víctimas de esos reproches de
delicadeza con los cuales suelen sentenciarnos las mujeres: “¡Ay, qué asco,
como vas hablar así!, “No seas pacharaco pues, no estás hablando con un
hombre”, “No seas tan específico con lo que pasó, se más delicado al contar”,
“Ay no, a eso te refieres cuando dicen que hablan cosas de hombres”.
Tanto la mujer como el hombre han
tapizado esa relación dadivosa entre ambos con el sobrenombre de “amistad”. No
es que no exista verdadera amistad entre hombres y mujeres, suelen suceder
algunos casos, unos muy peculiares e improbables en los cuales, un hombre puede
decir a ciencia cierta y con toda honestidad: “ella es mi amiga nada más”,
yesto solo sucede cuando no te
despierta ni desencadena ningún interés sexual. Si aquella mujer no llega a
conmover a tu yo hormonal, entonces puede que exista una relación más o menos
sincera entre ambos. También existen otros casos adicionales donde sueles
decirle amiga a la enamorada de tu mejor amigo, a pesar de que ella sea una
despampanante y curvilínea rubia de ojos color miel de la cual evitas pegarle
una mirada lasciva, y supongo que la misma regla se aplica a la hermana de tu
amigo que para tu mala suerte trabaja de “anfitriona” en eventos empresariales.
Mas que amistad, yo creo que simplemente le tiendes ese cartel de “amiga” por
una cuestión de respeto a tu amigo mas no por no despertar al mono pipiléptico
que llevas dentro.
La amistad con chicas muy
atractivas es una suerte de premio consuelo que algunos hombres se han ganado a
punta de intentonas, insistiendo por algún lengüetazo ocasional, y que tras sus
incontables desplantes y choteadas, hayan resignado el ser cavernoso que muchos
hombres llevamos dentro. He escuchadoa
muchas chicas lindas que hablan maravillas de sus amigos, que son caballeros,
muy atentos y que son como sus “hermanitos” porque los conocen desde tiempos
del cole, pero, que al cabo de un tiempo el “hermanito” no pudo contenerse más,
descubriendo así el disfraz que lleva de oveja monce y soltar al lobo
hambriento que muy en el fondo es.
Muchos de los hombres utilizamos
a veces esa estrategia, entramos como amigos al ver que no tenemos posibilidad
de que la chica linda de la clase nos pare balón (aunque muchas veces tarda
años en hacer efecto), y es ahí, en el disfraz de “amigo” donde tratamos de
demostrar que somos feligreses de buenos sentimientos, dulces, apacibles y que
quizá seamos la mejor opción para involucrarse en un amorío.
Es normal que exista esa
atracción entre hombres y mujeres, que se gusten, pero me parece falso que
luego digan que son solo “amigos”. Hay cientos de canciones que demuestran lo
que digo, una de ellas es Yo Quisiera
de Reik y también cualquier temporada de friends
validaría aun más mi tesis.
Es solo cuestión de tiempo para
que un “amigo” saque a relucir el caballo semental que convive en su pellejo, quizá
una noche de copas sea suficiente para desencadenar al Badani adolescente que hemos intentado reprimir.
Muchos pensarían que estoy
equivocado, que la verdadera amistad entre hombres y mujeres si existe, si es así,
entonces estoy dispuesto a leer cualquier argumento que pueda rebatir mi tesis.
Edición y Fotografía: Dessiree Ramos Angeles (la dulce y arrebatada
Dessita)
[Les dejo este video sobre el
conocidísimo spot publicitario de Sprite, donde trata de explicar las
verdaderas intenciones amicales que he estado intentando demostrar]
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Este jueves 14 de
febrero se celebra una de las festividades internacionales más importantes para
los enamorados, el puto día de San Valentín. Y es que no estoy despotricando de
ese día en particular (bueno e realidad sí),
es solo que me enferma ver el espectáculo que se monta desde muy temprano en la
mañana hasta que anochece.
Muchos de mis
amigos me han dicho que ese día en particular me comporto como una especie de
duende malvado, de diablillo cascarrabias; de peludo y amargado Grinch de San
Valentín, quizás tengan razón, quizás sea un solterón amargado, quizás odie
este día porque nunca lo pase con enamorada, en fin, hay muchos motivos.
La verdad de las
cosas – y lo digo con toda honestidad – para mí el San Valentín me causa algo
que no sé muy bien que es. Odio y repugnancia no es, pero si estoy seguro que
es una total indiferencia. Y es que, así vengan con su batallón de cupidos
flechadores, con su armada de corazones con alitas, con su artillería hecha con
globitos de helio color rojo, a todas estas cosas – y perdón por la expresión
vulgar que el San Valentín me suscita – ¡me las paso por las pelotas!
Quizás no sea solo
yo el que piense que este día fue creado por algún avaro empresario que quiso
sacar provecho del derrame sentimental que las parejas suscitan, pero al darse
cuenta que el San Valentín es la fiesta de la minoría, no se le ocurrió mejor
manera que llamarlo también “el día de la amistad” así, todas las personas
serian víctima del consumismo masivo que provoca el 14 de Febrero.
El día de la
amistad, el día de los enamorados, el día del amigo (creado por Cristal), el día
del amigo elegido, el día del amigo con derecho y todas esas festividades
creadas para romper el bolsillo del consumidor, me producen una especie de urticaria
generalizada en todos los hemisferios de mi cuerpo. Pero, para no desviarnos
del tema en cuestión, he clasificado esta festividad en dos partes: “el pre-san
Valentín” (o día de los desesperados) y el propiamente dicho “día de San Valentín”.
Algunos se
preguntaran y ¿por qué el día de los desesperados? pues es fácil, porque un día
antes del 14 de febrero, casi todas las personas del mundo, se encuentran en
una especie de miedo y pánico de pasar el San Valentín a solas, como si el
hecho de no tener pareja para el 14, fuera el fin del mundo; como si todos te
fueran a apedrear por no tener pareja ese día.
Muchos hombres un día
antes del 14, tratan de resucitar al galán que llevan dentro y así intentar propiciar
alguna salida con una chica para el 14. Otros, en un plan de desesperación, a último
momento comienzan a subastarse vía redes sociales, como si fueran una especie
de combo de San Valentín que incluye: cena romántica, peluche, flores de
Rosatel y novio incluido.
En el colmo de la
desfachatez, hay empresas virtuales que por una membrecía mínima se encargan de
juntar parejas u organizar citas para esta fecha tan chupa sangre, como si el
hecho de no tener pareja te convirtiera en el apestado de San Valentín.
Llega el 14 de
Febrero y desde muy temprano los
programas de televisión te bombardean
con eventos San Valentinescos, como el popular concurso de chapes en campo de Marte
(un refrito que ocurre todos los años).
Para un soltero
como yo, salir de su casa un 14 de Febrero es vivir un atormentado vía crucis
por las calles de Lima, para empezar todas las parejas están de la mano, como
si en este día su amor fuera mucho más grande que el de días anteriores y al
mismo estilo de Kevin Arnold, se convierte en el enamorado perfecto y ella,
misma Winnie Cooper le corresponde pegándole una mirada dulce y acaramelada.
Ver todo este espectáculo montado me sube la glucosa, y no precisamente por ser
diabético, sino más bien por el dulce y la melcocha que segrega ese desborde
sentimental.
Subes al taxi, la
combi o cualquier otro transporte urbano
y desde ya las radios romanticonas de la capital (ritmo romántica, radio
corazón, etc.) te atacan con una ráfaga de los hits más sonados de Alejandro Sanz,
Arjona y el dúo hermanas esa que se hacen llamar Ha-ash.
Llegas a tu
trabajo, prendes la computadora, y eres atacado por todas las propagandas
virtuales que te invitan a ser parte de los descuentos en restaurantes,
entradas al cine, combos en Rosatel, concursos para entradas gratis al
concierto de Alberto Plaza, tarjetitas virtuales y todas aquellas propagandas
que entran en tu bandeja como spam.
Sales del trabajo y
decides ir a comer algo con tus patas, pero te das con la sorpresa que todos
los putos lugares están llenos, la cola
es interminable para ir al cine, los restaurantes de pasta y comida italiana ya
no tienen espacio y los fast food están
abarrotados por la presencia de tantas parejas en la calle. Por un momento pensé
que solo los “telos” y los parques estarían repletos, pero da la sorpresa que
toda Lima es invadida por las parejitas acarameladas.
Decides no comer
nada y largarte a tu casa, pero en el camino, eres atajado por los ambulantes
que te conminan a comprar las rositas de a sol envueltas en papel platino, como
si este día fuera un cataclismo de proporciones épicas; corres despavorido
hasta llegar a tu domicilio y refugiarte del devastador desastre, te metes un duchazo,
te pones algo cómodo, calientas el ají de pollo de la noche anterior, prendes
el televisor y cual virus inmune a toda vacuna, todos los programas de
televisión (tanto los de señal abierta como los de cable) se ponen de acuerdo
para pasar especiales por el día de san Valentín, historias de abuelitos que
aún se aman, concursos sobre el beso más largo, la trigésima quinta vez de la
repetición de Titanic (encima después de
20 años la re estrenan en 3D), el ranking de las 10 canciones románticas mas
escuchadas este 14 de febrero (y que por vigésima vez gana “corazón partido” de
Alejandro Sanz) y por último cuando al fin encuentras un programa gracioso como
es “Los Simpson”, resulta que este día, se les ocurre pasar el especial de “Los
amores de Bart”.
Este Jueves 14 de
febrero, prometo no salir de casa, salvo que las circunstancias lo requieran
y si es así, prometo no renegar de las
parejas, es más, podría hasta mirarlos con un poco de asombro y quizá hasta con un poco de sana envidia.
Edición y fotografia: Dessiree Ramos Angeles
(mas que angelita en San Valentín, la diablita y despachada Dessita)
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elección, notificaciones al correo electrónico, resaltan la memoria más leída y
hasta puedes seguirnos en facebook y twitter, toda una maravilla tecnológica.
El día de hoy - para sorpresa de muchos - he
despertado un tanto irascible, inconforme, un poco fastidiado. Como muchos
tengo días buenos y días malos, pero el día de hoy no es ninguno de ellos, la razón es simple; ayer me encontraba en mi casa, entretenido en
el octavo partido de PlayStation con mi pata el gordo (me estaba dando una paliza),
cuando recibo una llamada de “L” (una muy peculiar amiga), la cual pasa a
informarme que tiene unas películas temáticas y que quiere verla solo con
amigos hombres.
Al inicio me parece un poco extraña su petición, pero
luego de analizarla con el gordo, decidimos aceptar su propuesta. Las preguntas
que lógicamente vinieron después fueron: ¿Por qué querrá ver esas películas con
amigos hombres? ¿Estará prohibido para mujeres? ¿Qué clase de películas serán? ¿Será
una película porno dramática?, en
fin. Llega la susodicha con una sonrisa
picaresca y de inmediato se pone cómoda en el sofá para ver las tan misteriosas
películas.
Acabo de terminar de ver los tan polémicos filmes “No
se lo digas a nadie”, “Brokeback Mountain” y
“Another gay movie” y he quedado
tan desconcertado que estuve a punto de cerrar este blog.
No es que me considere homofóbico ni mucho menos, es más,
tengo un par de amigos gay. Pero, el ver este tipo de películas, ha
desencadenado una serie de prejuicios machistas que nunca pensé decirlos, así
que, el que sigue es un infalible inventario de situaciones que identifican a
un hombre con tendencias inclinadas.
- Intuyes que
un pata tiene tendencias medias mostaceras, cuando al comprar una botella de
gaseosa o agua mineral, le pide a la despachadora una “cañita” o “sorbete” para
succionar el liquido. ¡¡¡Maricon!!!. Esas peticiones de cañita solo lo piden
las mujeres, porque es lógico que prefieran no quitarse el labial al beber del
pico de la botella. Es por esa misma lógica que todos los tragos que lleven
cañita son específicamente hechos para mujeres. En la vida van a ver a un
hombre llegar a un bar, acercarse a la barra
y pedirle al bartender que le sirva una piña colada, un Daiquiri de plátano
(recontra maricón) o un sex on the beach,
adornada y decorada por sorbetes,
sombrillas y cojudeces. Si ese fuera el caso, entonces es fijo que a aquél sujeto le sude la espalda.
- Intuyes que a
un hombre le sudan las manos, cuando en la redes sociales (sea el facebook,
chat o comentarios del twitter) se ríe escribiendo “jijijiji”. GAY. Un hombre
al responder un comentario gracioso solo se ríe escribiendo “JAJAJA” o
“JOJOJO”, pero nunca con un “JIJIJI”, esas risitas picarescas y cómplices solo
son permitidas por las mujeres que poseen el don de la coquetería, mas no de un
hombre que intenta un flirteo con una chica.
Otro de los indicios
que se pueden percatar en las redes sociales es a la hora de la plática por
chat. Cuando te saluda diciendo “hola amix”, “hola amigüis”, “hola ami”, “hola
amijey” u “hola amistad”. Chivatazo. Esas son mariconadas, normalmente solo se
saluda con un “hola” y listo. Otra aberración textual es cuando van a dar su
aceptación, alguno escribe “okis”, “okidoky”, “okey”. La expresión correcta es
un simple “OK” y punto, no hay más. Y si hablamos a la hora de despedirse, es
infalible darse cuenta cuando te escriben un “chaucito” o “byecito”. Recontra
Chivatazo. En general un hombre no usa diminutivos para referirse a las cosas
“perrito”, “dulcecito”, “avioncito”. pppffff…. son todas mariconadas.
- Intuyes que un brother le gusta el pan con plátano,
cuando recién se están conociendo y te dice que lo llames por su sobrenombre de
cariño - “Oe loco, te presento a un brother, Juan Carlos”, “hola que tal, soy
Alan”, “hola como estas, dime Juanki”- Recontra ¡¡¡GAY!!!
Otra escena parecida seria - “oe causita, te presento
al nuevo portero del equipo, Francisco”, “que tal, mucho gusto Francisco”,
“igualmente, pero dime Francis o si quieres Panchito”- ¡¡¡PALETASO!!!. En
primer lugar, un hombre nunca se autoproclama con sobrenombres y en segundo
lugar, si lo tuviera, esperaría a que tú lo descubras, no te pediría que lo
llames así.
- Intuyes que un pata es un Mariscal Cáceres, cuando empieza
a insistir con ir a ver películas melodramática, lo peor no es eso, sino que
organiza con sus amigas del instituto, una maratón de películas dramáticas con
kilos de chocolate y postres para ponerse aun mas feeling de lo normal, y encima, en el colmo del melodrama, comienza
a chillar en plena película (o lo disimula con tos). ¡Joder!, un hombre de
verdad, aprieta la quijada y aguanta como los machos, así el protagonista
principal haya quedado como padre soltero de catorce hijos y encima trece de
ellos tengan cáncer terminal.
- Intuyes que a un fulano le gusta el Choripan, cuando
está al día del nombre, los horarios y los episodios de todas las novelas de la
televisión Peruana. Otra cosa diferente sería si estas con enamorada y por ende
eres obligado a ver la maratón de novelas, solo por el hecho de complacerla.
Pero muy diferente es llegar al trabajo y ver que a la hora del almuerzo se
reúnen en una mesa todas las chicas de la oficina para qué el novelero de la
chamba les cuente que “el galán de la novela, Jorge Miguel, está a punto de
desposar a la pobre y sufridita de Ana Paola que viene a ser la pulposa y
carnosa empleada de la casa”. Mariconaso.
Un hombre solo ve Futbol, porno y noticiero (hombre culto), las novelas y el
melodrama son solo cosas de mujeres.
- Intuyes que a un varón le gusta el chunchuli, cuando
tiene de mascota un gato. ¡¡¡¡Por Dios!!!! Solo un Cabrejos consumado tendría
un gato. Un gato es como un perro pero en maricón, es delicado, camina cruzando
las patas como si estuviera modelando en una pasarela y lo peor es que siempre
esta arreglándose las uñas como si se hiciera una autopedicure. Un hombre solo
puede tener un perro de mascota, al que se le enseña a chupar cerveza y con
suerte a eructar.
En el caso de que tenga perros, no le pone nombres
lindos, como “Popy”, “Moly”, “Toty”, Doty” o “Vaqui”. Esas son mariconadas, un
perro solo puede llamarse con nombres fuertes, preferiblemente de personajes
que marcaron época por su rudeza como “Atila” o “Conan”.
- Intuyes que a un hombre se le quema el arroz, cuando
sabe el nombre de más de 4 tortas. ¡¡Gay declarado!! Un hombre solo conoce con
las justas la de chocolate y eso, ya que preparación de tortas y postres
despiertan el mismo interés que leer un libro de Química avanzada, el aumento
de la criminalidad en México o la atormentada y sacrificada vida del dragón de
comodo.
Y es que imaginemos por un momento a un hombre
acercarse al mostrador y pedir: “disculpe, me traería una Claire, o una torta
Reina Ana, una Pompedour o una Frasier”. El despachador si no es mujer te
mirara con ojos machistas y te pegara una maldición india para ver si así se te
quita lo mariscal. Un hombre al ver los 12 equipos de futbol, a 22 jugadores
cada uno, mas la liga italiana, inglesa y la española, a quien le queda lugar
en el cerebro para recordar el nombre de tortas, por Dios.
- Por último, intuyes que un pata prefiere la
morcilla, cuando va de compras por alguna tienda comercial o galería y se
demora horas de horas escogiendo un par de jeans, y lo peor, cuando al fin se
decide por uno, va al probador, se lo pone, se para frente al espejo, y se
voltea para mirar cómo le queda por atrás. ¡¡¡¡¡¡RECONTRA BEBITA!!!!! Un hombre
no tiene la necesidad de ver cómo le queda el jean por atrás, ya que, el arma
principal de todo hombre esta adelante y no atrás, o es que acaso vamos atacar
con la cola, esas posiciones solo pueden ser propias de una mujer, mas no de un
hombre.
Pregunta Obligatoria para los lectores ¿Cuándo saben
ustedes que a un hombre se le chorrea el helado? Quizás sus indicadores sean más
precisos que los míos.
[Edición: Dessiree Ramos Angeles (la riquichichisima y
pulposa Delcita)]
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Gracias
Aviso de Servicio Público 2: quiero recalcar que no soy homofóbico ni mucho menos, todo
lo expresado en estas líneas son textos irónicos que fueron desencadenados al
ver tres películas consecutivas sobre temática gay.
Aviso de Servicio Público 3: Tengo que agradecer a Deya Torres, Nancy Vildoso y Marita
Rojas por apoyar en la publicidad de este blog vía facebook, gracias chicas, se
hicieron acreedoras a un rico pisco sunrise cortesía de la editora de este blog
(aunque el gordo es el que quiere invitar). Debo agradecer también a Eliana
Vildoso, que desde Madrid hace publicidad a este pequeño blog peruano. Gracias.
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